Podemos interpretar el vocablo griego logos utilizado por Heráclito como la regla universal a la cual se ajusta todo lo que acontece. Digamos entonces que hay una «razón universal». Todo está vinculado con todo. Dice Heráclito: “Escuchando no a mí sino al logos, lo sabio es conocer o estar de acuerdo en que todas las cosas son una”. Podemos tener la esperanza de que en algún momento de nuestras vidas tendremos la capacidad de poder interconectar todo, de tener una visión omnicomprensiva de lo que es la realidad.
Por otro lado, por su aforismo que expresa que “entramos y no entramos en los mismos ríos; somos y no somos”, Heráclito de Éfeso pasó a la posteridad como el filósofo del devenir. Está diciendo que si ingresamos a un río, tiene un cauce y una corriente de agua. Si volvemos a ingresar, el agua será otra. También nosotros seremos otros. La vida es devenir puro.
Mural de Noé en la estación Gral. San Martín, Línea C

La semana pasada, una noche de fuerte lluvia, empapado y sin posibilidades de conseguir un medio de transporte, caminando casi sin rumbo, me “choqué” casualmente con la estación Gral. San Martín de la Línea C del subte. Vi que podía hacer conexión con la D que me llevaría hasta mi casa. Mientras compraba el boleto una voz femenina anunció por los parlantes: “Informamos a los señores pasajeros que la Línea D se encuentra con servicio restringido e intermitente”. No desesperé. Miré en el mapa las dos opciones: primera, hacer dos estaciones en la Línea C para transbordar a la D y hacer luego siete estaciones; segunda, o, digamos “plan B” -que era el habilitado en ese momento-, hacer dos estaciones en la C, transbordar a la B, hacer ocho estaciones en dirección De los Incas, bajarme y caminar quince cuadras bajo la lluvia. Tampoco desesperé. La voz femenina seguía repitiendo: “Informamos a los señores pasajeros que…”. Así llegué al andén. En el mismo, me puse a disfrutar de  un mural de Luis Felipe Noé, artista de mi predilección. Pensé en esa enorme casualidad . De pronto llegó el subte, se abrieron las puertas y, en ese instante, la voz femenina dijo: “Informamos a los señores pasajeros que la línea D ha restablecido el servicio a su normalidad”.  Pensé en lo interesante de la vida que es que cuando tienen que abrirse las puertas, lo hacen. No hay que forzar nada. Se trata de la ocurrencia de millones de hechos que tuvieron lugar para que ese mismísimo instante sucediera de esa manera y no de otra.
Mientras hacía las dos estaciones, pensé superficialmente en el próximo escollo: cómo hacer la conexión con el andén apropiado de la línea D, dirección Congreso de Tucumán. Al llegar, bajé del vagón, me dejé llevar por la muchedumbre, giré un instante la cabeza hacia atrás y vi un cartel con una flecha apuntando a un corredor, que decía: “Línea D a Congreso de Tucumán”. Rápidamente alcancé el andén, llegó el subte, hice las siete estaciones y en pocos minutos estaba en mi casa. Empapado, pero en mi casa.
Pensé para mis adentros: “es el logos de Heráclito. Todo se dio como se tenía que dar, en el momento en que se tenía que dar, sin que lo buscara de una manera activa. Sólo tuve que caminar sin rumbo fijo”. Es como si me hubiera dejado llevar por el devenir. Es como si hubiera sido puro devenir.
Como bien escribiera Borges en su poema Heráclito, “siente con el asombro de un horror sagrado que él también es un río y una fuga”.

Alejandro Fidias Fabri
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