¿Se puede ser franco en el espacio político?

Un artículo periodístico, refiriéndose a la presidenta, informa que Carlos Zannini suele decir que “a Cristina no se le habla, se la escucha”. En base a este argumento, nos dice el periodista que, problemas tales como el de Shocklender y Bonafini y, la lucha de poderes en el INADI, le abrían explotado en las manos. Es riesgoso que un presidente esté tan expuesto por estar tan poco expuesto.
CFK y Zannini

Este es un problema propio del poder y, estaría relacionado a una práctica social que existió en la cultura griega antigua y que Michel Foucault analizó en profundidad. El filósofo francés realizó un trabajo hermenéutico sobre el concepto griego de parrhesía, término que en una acepción simplificada significa «decir veraz». Agrega que muchos franceses lo han traducido con la expresión franc-parler («hablar claro»). ¿Qué tiene que ver esta parrhesía, este «decir veraz, con la situación de CFK? Cuando Zannini dice que a Cristina no se le habla sino que se la escucha, está diciendo que en esa soledad del poder que tiene la persona que lo ostenta, en ese distanciamiento de los problemas cotidianos de quienes la acompañan en su gestión o del pueblo mismo, esa persona que no requiere de una doble vía de comunicación, sería portadora ella misma de toda la verdad. Su interpretación de la realidad es la única verdad. Sería esta una actitud más que riesgosa, no ya para el objetivo político al estilo de El Príncipe de mantener o agrandar el poder, sino para el más grandioso objetivo de dirigir los destinos de una Nación.

Volviendo a Foucault, nos explica que cuando esta práctica de la parrhesía («decir veraz») se desarrolla en un espacio político, nos referimos entonces a la parrhesía política. Esto implica la necesidad de que, aquella persona detentadora del poder sepa generar el espacio para que le surjan consejeros, quienes, con coraje, sean capaces de asumir un riesgo personal para dar a la cabeza recomendaciones e informaciones fundadas en el «decir veraz», en el «hablar franco». Digamos, que no teman perder sus puestos y prioricen el decir verdades. El bien común por sobre el bien individual, ¿una entelequia? Por supuesto que esta práctica requiere de una postura ética. Platón, en Las Leyes, pone de ejemplo de buen gobierno al del persa Ciro y, ello, merced a que “como el rey no era envidioso, les permitía (a sus consejeros) toda franqueza y aún honraba a los que en algún modo podían aconsejar, mostraban su ingenio ante todos en beneficio común…”.
Redondeando el tema, Foucault nos advierte que esta práctica de la parrhesía política contaba con dos adversarios, con dos enemigos: el adversario moral del «decir veraz« que es la adulación (aquellos consejeros que se limitan adular al presidente; la verdad no importa) y, el adversario técnico que es la retórica (el buen discurso, con una inestable relación con la verdad). Si bien en la política, como en la vida, cotidianamente van surgiendo problemas que hay que intentar ir aprehendiendo, esperamos que CFK, tal como lo hiciera Ciro, esté sabiendo abrir su espacio de decisión a aquellos consejeros de coraje y estatura moral y, que no esté solamente rodeada de aduladores y retóricos.
Alejandro Fidias Fabri
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