Un movimiento asambleario en Madrid

¿Para qué un gobierno o una clase política que sólo se limita a administrar a una sociedad que en un cierto porcentaje vive en condiciones precarias? Esta pregunta se corresponde con el hoy de España y otros tantos países de la UE.  El ayer ya fue. El ayer es lo que algunos pensadores europeos llamaron la “pospolítica”. Ésta nació en un mundo que dejaba atrás la bipolaridad URSS-EEUU, que universalizó la democracia, que hegemonizó al modelo neoliberal, globalizó las comunicaciones, las finanzas y un acentuado intercambio de bienes. Asimismo, diluyó las diferencias entre «izquierda» y «derecha», las cuales se desplazaron para convertirse en «centro-izquierda» y «centro-derecha», ambas ahora sutiles matices del centro neoliberal. Dicho centro, se corresponde con un Estado mínimo, administrador y recaudador, gerenciado por lo que Weber llamó «políticos profesionales». En general, el modelo imperante de político es similar a aquél que la filósofa Hannah Arendt describió en su texto La mentira en la política: fabricado por los asesores de imagen o de campaña, quienes piensan que la mitad de la politica es la “producción de imagen” y la otra mitad, el hacérsela creer a la ciudadanía. Una de sus cualidades centrales debe ser la de tener un buen manejo retórico.

Este escenario, interpretado y criticado desde mediados de los ’80 por pensadores de lo político tales como Mouffe, Laclau y otros, es el que pareciera estar eclosionando primeramente en España, para diseminarse hacia otros países de la UE.
Mouffe considera que “es la falta de comprensión de lo político en su dimensión ontológica lo que origina nuestra actual incapacidad para pensar de un modo político” (en otras palabras, falta de comprensión de las reales tensiones que perviven en la sociedad). Agrega que “las cuestiones políticas no son meros asuntos técnicos a ser resueltos por expertos. Las cuestiones propiamente políticas siempre implican decisiones que requieren que optemos entre alternativas en conflicto”. Esta postura nos aleja del pensamiento hegemónico de la democracia neoliberal, enmascarada como la posición racional (sólo son posibles un centro y sus matices). En cambio Mouffe se refiere a conflictos antagónicos que forman parte de la esencia de lo político, los cuales necesariamente deben confrontar. Será luego la tarea de los políticos el transformar estos antagonismo en agonismos.

El movimiento de Puerta del Sol, con las reivindicaciones que solicita, tiene clara la necesidad de un retorno a la política que comprenda lo político, aquella que dé soluciones a los antagonismos existentes y no se circunscriba sólo a la administración de lo dado. De entre las varias propuestas de cambio que plantea el movimiento, estando nosotros tan cerca de las elecciones nos puede resultar de interés el conocer al menos una de las publicadas en un artículo del diario El País de España: “Reforma de las condiciones laborales de la clase política. Se aboga por la supresión de sueldos vitalicios, la formación reglada (que opositan), la revisión y balance de las políticas al concluír cada mandato, listas electorales limpias y libres de imputados por corrupción política.” Puerta del Sol, «Kilómetro cero» de la red de autopistas, podría convertirse así en el «Kilómetro cero» del nuevo paradigma político.

Algunos de nuestros políticos debieran poner atención a lo que está ocurriendo en España, pues podría ser por motivos análogos que sus encuestas estuvieran dando valores bajos. Nuestra fragmentada oposición, producto de una falta de homogeneidad en el discurso y de las varias ambiciones de poder, y, subproducto de lo que pareciera ser una buena, aunque mejorable gestión del kirchnerismo, podría aún contener ciertos resabios de aquella política hoy cuestionada. Tengamos presente que, según dichos, Chantal Mouffe sería una filósofa de lectura obligada de nuestra presidenta.
Nos resta ir tratando de interpretar mejor los acontecimientos que vayan ocurriendo en Europa. Quizás estemos presenciando un cambio de paradigma.
Alejandro Fidias Fabri

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