Osama, Obama y Pakistán…

Ya hemos visto que el concepto de soberanía, uno de los principios fundantes del Estado, fue acuñado por el político y jurista francés Jean Bodin. En su  texto de 1576, Los seis libros de la República, afirmó que “la soberanía es el poder absoluto y perpetuo de una república”. Para él, sólo Dios, no la Iglesia, estaba sobre este poder. A lo largo de la historia, este concepto fue acompañando las modificaciones jurídicas que fueron sufriendo las naciones, pero, se mantuvo el espíritu. Es un concepto que, en la medida en que una organismo que represente a la Comunidad Internacional vaya imponiendo su presencia, se irá desdibujando en diversos aspectos (por ejemplo, el Tribunal Internacional de la Haya, etc.).
Consejo de Seguridad de la ONU

En el artículo anterior, con un cierto sarcasmo, hipotetizamos que el presidente de Pakistán podría haberse enterado a través de los noticieros de la “operación” del grupo SEALs. Hoy, cuando en un artículo periodístico vemos que el Parlamento pakistaní aprobó por unanimidad una resolución que condena dicha operación, pareciera que no estábamos tan errados. ¿Por qué la condena? “Por tratarse de una acción unilateral de Estados Unidos que viola la soberanía del país”. El tema no es menor.

Estaríamos, entonces, frente a una acción que viola el derecho internacional y el nacional, perpetrada por un país que en el discurso se autoproclama defensor de los valores y derechos. Dentro de la misma línea de pensamiento, nos encontramos con una declaración del 2 de mayo emanada del Consejo de Seguridad, órgano de las Naciones Unidas, que “aplaude que Bin Laden no pueda volver a atacar”. Paradójicamente, no hay comentarios respecto de la ilegalidad de la incursión. Seguramente nada tendrá que ver el hecho de que involucre a uno de los cinco miembros permanentes con derecho a veto.
Desde otro ángulo, puede resultar de interés traer a colación declaraciones del filósofo alemán Jürgen Habermas realizadas en una entrevista a fines de 2001 , en relación con el terrorismo internacional o global. Para él, “la decisión de Bush de declarar una «guerra contra el terrorismo» es, tanto normativa como pragmáticamente, un grave error. Desde el punto de vista normativo les otorga a los criminales el valor de enemigos de guerra, y, desde la perspectiva pragmática, contra una «red» dificilmente apresable no se puede hacer la guerra…”. ¿Qué quiere significar con esto? En el siglo XVII, el filósofo y jurista holandés Hugo Grotius, refiriéndose a la ética de la guerra, realizó una distinción: el ius ad bellum (derecho a la guerra), que trata de la causa de ser víctima de una injusticia y justifica el derecho de un Estado de ir a la guerra, y, el ius in bello (derecho en la guerra), que se refiere a las injusticias de las acciones que tienen lugar dentro de la guerra (por ejemplo, la matanza de civiles, el maltrato de los prisioneros de guerra, y otras). Quiere decir que al haber declarado la «guerra contra el terrorismo», podemos pensar que la declaración es justa porque está motivada en el acontecimiento de las Torres Gemelas, pero, la misma semántica está obligando a un tratamiento de los prisioneros conforme a convenciones, hecho que es de público conocimiento que en ciertas oportunidades es transgredido. Se daría así el caso que una guerra que comenzara siendo justa por su causa se transformara luego en injusta por sus procedimientos.
Jürgen Habermas

Otra dificultad que ve Habermas es que por no tratarse de una guerra al estilo convencional, entre Estados o caoliciones de Estados, en la cual habría vencedores y vencidos, en el caso del terrorismo internacional, dificilmente se llegue a una situación de este tipo.

Retornando al tema de la ruptura de convenios, convenciones y leyes nacionales e internacionales que habrían tenido lugar en el caso que nos concierne de Pakistán, nos pueden traer luz los dichos de Nicolás Maquiavelo en sus Discorsi al referirse al engaño en la guerra: “solamente diré que no me parece glorioso el engaño si te hace romper la fe dada y los pactos celebrados porque, a veces te otorga el estado y el reino pero, […] nunca te reportará gloria”.
Alejandro Fidias Fabri
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