Sócrates, la pulga, el mosquito y el capitalismo consumista…

Es un lugar común el satirizar a aquellos que se dedican a pensar lo no pensado. Aristófanes lo hizo con Sócrates en su comedia Las Nubes: allí ubica al filósofo y a sus discípulos en una edificación llamada El Pensadero, discutiendo temas de aparente irrelevancia y, por supuesto, de ninguna utilidad. Sócrates investiga con Querefonte “cuántos pies de los suyos es capaz de saltar una pulga” y, si “los mosquitos zumban por la boca o por el trasero”.
Veinticuatro siglos después, continúa siendo un lugar común ya sea el preguntarse para qué sirven los filósofos o, el afirmar que «piensan demasiado». Me pregunto si con la frase «pensar demasiado» no se referirán sólo a «pensar». Normalmente, los ámbitos desde los cuales proviene esta visión son aquellos arraigados a un pensamiento calculador fundado únicamente en la rentabilidad económica a corto o mediano plazo.
Pareciera que todos tenemos claro hacia dónde nos dirigimos como sociedad: mejorar el estado del mundo -y el nuestro- basándonos en un sistema capitalista centrado en un desarrollado consumo. Nuestro éxito lo medimos por nuestra mayor capacidad de consumir.
Hay personas que piensan…distinto. En el número de enero de la revista inglesa The Banker, Chandran Nair, presidente del Global Institute for Tomorrow, plantea la necesidad planetaria de cambio de modelo. Consideremos sólo el caso de los automóviles: en un mundo en el que ya se discuten las emanaciones perniciosas de gases, el agujero de ozono y, otras tantas amenazas, el promedio de los países desarrollados y en desarrollo de Occidente tiene 750 autos cada 1.000 habitantes; China tiene 150 cada 1.000; India, 30 cada 1.000. Quiere decir que Oriente, con entre 4.000 y 5.000 millones de habitantes, está en una fase germinal de consumo. ¿A qué nivel de desastre llegaría el planeta si, siguiendo el modelo de las economías centrales, llegase a sus niveles de consumo? ¿Qué quedaría del planeta en el 2050?¿Hay alguien pensando en el deletéreo contenido del modelo imperante?
El filósofo Martín Heidegger, preocupado por la ausencia de pensamiento, planteó en una conferencia pronunciada en 1952 que “llegaremos a aquello que quiere decir pensar si nosotros, por nuestra parte, pensamos. Para que este intento tenga éxito tenemos que estar preparados para aprender a pensar”. Cuenta que así como no se aprende a nadar mediante los libros sino arrojándose al río, tampoco se aprende a pensar sino arrojándose a los temas que nos interpelan. Eso sí, es esencial el estar abierto, estar interesado en el pensar. Pero, ojo, este pensar no es un mero pensar calculador.
Cierra Heidegger su exposición afirmando provocativamente que es en el camino del pensar, un camino en el cual aún no alcanzamos la forma adecuada del pensar, cuando “nos preguntamos: ¿qué quiere decir pensar?”.
Creemos que pensamos hacia dónde nos dirigimos y nuestras conciencias  quedan “felices” cuando creemos que pensamos en lo imperioso que es que los subdesarrollados o «en vías de desarrollo» se desarrollen. Damos por sabido que nuestro paradigma es el racional y por ende el único válido. ¿Pensamos que no estamos pensando en el largo plazo, en una verdadera sustentabilidad?¿Acaso pensamos?
Alejandro Fidias Fabri

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