FOTOGRAFÍAS / daniel rivas
Muestra:
Colores viajando
“un silencio ancestral late oculto”

La frase «colores viajando» nos remite, por un lado, a la belleza de la naturaleza y, por otro, a la polaridad creación-destrucción propia de la vida. Nos remite al ser y al tiempo. Un espíritu sensible como el de Daniel Rivas puede captar esa suerte de oxímoron que une al «silencio ancestral» con el «latido». Esos conceptos de aparente oposición, los funde en la lente de su cámara.

Él, cuando decidió hacer de la fotografía su arte, ya intuía lo que el filósofo Walter Benjamin quiso expresar cuando afirmó que “el ojo es más rápido captando que la mano dibujando”. Ese espíritu de Daniel, en constante conexión con lo Uno Primordial, con la Madre Tierra, se sintetiza finalmente en un plano triangular: su ojo a través del visor de la cámara, una preciosísima muestra de la Naturaleza y, finalmente, su dedo índice apoyado sobre el botón disparador de la cámara fotográfica. Es ese poético instante en el que él decide presionar el disparador cuando ya todo se convierte en uno: su propia conexión con ese silencio ancestral y su progresión hacia la reproducción técnica de esa fracción de segundo para preparar el mensaje que ansía recibamos los habitantes de las selvas de cemento. Aquellos que lo conocemos sabemos que este mensaje, si bien poético, es una advertencia. Nos está advirtiendo de la desertificación que nosotros provocamos en la naturaleza y, simultáneamente, en nuestros propios espíritus. Nos advierte de algo que no está oculto por su propia esencia, sino que somos nosotros mismos quienes lo hemos ocultado.
Este juego paradójico que Daniel lleva a cabo de desocultar la belleza de la naturaleza a través de un medio tecnológico, es su propio secreto. Nos hace acceder al deleite visual de la representación de la belleza de la naturaleza y, así, nos intima a conectarnos con nuestros propios espíritus.
20/04/2011 
Alejandro Fidias Fabri
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