En Egipto, una red que desarticula a otra red…

Hosni Mubarak detentó durante 30 años el poder en Egipto. Bien sabemos que los acontecimientos de febrero de 2011 lo obligaron a renunciar y a entregarle el gobierno a un consejo superior militar. ¿Cómo hizo Mubarak para detentar tanto tiempo el poder? Si bien el actor sí, la pregunta no es nueva. En 1556, a los 17 años de edad, el pensador francés Etienne de La Boétie, escribió el opúsculo Discurso sobre la servidumbre voluntaria, donde se preguntó cómo hacían los tiranos para mantener el poder. Más precisamente analizó por qué el tirano -aún aquél a quien el pueblo ha elegido- tiene poder sobre los muchos ciudadanos que desean liberarse de el.
Con un dejo de ironía, dice de La Boétie que “aquél a quien el pueblo ha dado su poder debería ser, me parece, más soportable , y lo sería, como supongo, si no fuera porque desde el momento en que se ve elevado por encima de los otros, […] decide no moverse de allí; generalmente se preocupa por transmitir a sus hijos el poder que el pueblo le ha cedido…”. Hasta aquí, Mubarak coincide con el perfil. También su hijo Gamal como prometedor sucesor.

Pero, ¿cuál es el mecanismo perverso que mantiene a un tirano en el poder? de La Boétie, al parecer un sensible lector de la naturaleza humana, encuentra que se trata de una verdad que si bien es muy secreta, es también, a la vez, muy simple: “son siempre cuatro o cinco los que mantienen al tirano, cuatro o cinco los que conservan a todo el país en la servidumbre”. Agrega que “siempre ha sucedido que cinco o seis han tenido acceso al tirano y se han aproximado por sí mismos a él o han sido por él llamados, para ser cómplices de sus crueldades, compañeros de sus placeres, alcahuetes de sus lascivias y copartícipes de sus pillajes” (queda librado a la imaginación del lector cualquier paralelismo que esté haciendo). A continuación pasa a explicar como, motorizada por la ambición y la avaricia propias del hombre, se estructura la red de dominación y poder que forma el andamiaje de la tiranía. Dice que “estos seis tienen seiscientos que debajo de ellos lucran, y ellos hacen con sus seiscientos lo que el tirano con sus seis. Estos seiscientos tienen, a su vez, seis mil debajo de ellos” y, así sucesivamente. A su vez, es central en la arquitectura del poder la creación de cargos públicos, con la finalidad de mejorar la justica y el oscuro objetivo de sostener la tiranía.

Por último, un párrafo dedicado al vínculo entre los deseos de libertad y la tecnología. Dice de La Boétie que aún en una red de dominación y servidumbre muy desarrollada, siempre habrá un número de ciudadanos que conservarán su devoción por la libertad. El problema para él es que “por muy numerosos que éstos sean permanece sin efecto por el hecho de que no se conocen entre sí: bajo el tirano se les quita toda libertad de obrar, de hablar y casi de pensar; quedan todos aislados en sus fantasías”. En cambio, cuando Mubarak decidió cortar la conexión a Internet, ya era tarde. La red de poder  ya había quedado desarticulada por la red virtual.
Ahora, los militares administrando la transición. Veremos qué pasa…
Alejandro Fidias Fabri

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