La sensación de inseguridad transformándose en inseguridad…

La toma del Parque Indoamericano por parte de cerca de 13.000 personas y el simultáneo asesinato de 4 de ellas es una tema que está ocupando los titulares de los periódicos desde hace algunos días y nos preocupa a la mayoría de los ciudadanos. Es un tema de difícil comprensión y dilucidación. En el intento de aprehender la inaprehensible verdad, hay innumerables y complejos aspectos a tener en cuenta. Sí podemos al menos plantearnos algunas preguntas que superen la lectura lineal y la mera crítica de lo ya ocurrido. Entre ellas:

  • ¿Está esta desobediencia civil acotada a un grupo de pertenencia?¿A qué grupo?
  • ¿Qué derechos y deberes les cabe a las partes en cuestión?
  • ¿Hay coordinación de políticos profesionales por detrás de esta acción?
  • ¿Es posible pensar en la movilización de 13.000 personas en semejante invasión simultánea sin una afinada coordinación?
  • ¿Quiénes son los políticos que ganan y quiénes los que pierden con éste acontecimiento?
  • ¿Es creíble el circunscribirlo sólo a un antagonismo entre el Gobierno de la Ciudad y el Gobierno de la Nación, más precisamente Macri y CFK?
  • ¿Estará siendo CFK probada en su capacidad ejecutiva post Néstor?
Podríamos seguir haciéndonos innumerables preguntas y, siguiendo una senda filosófica ir poniendo  luz a  los varios aspectos en juego. Por el momento vamos a detenernos aquí y vamos a desarrollar brevemente 3 puntos:
  1. Encontrarle un flanco débil al Gobierno de la Ciudad pareciera no haber sido hasta ahora algo difícil durante la administración de Macri. La situación hoy sería otra: semejante ataque ya lo atraviesa al mismo Jefe de la Ciudad y podría debilitar la gobernabilidad de CFK. Paradójicamente, CFK tendría que apuntalar las debilidades de Macri para defenderse de enemigos de mayor peso y astucia política. Esto es una mera hipótesis, pero verosímil.
  2. La Policía Federal y la desobediencia civil: dejando de lado a Macri y su incipiente Policía Metropolitana -más apta para recaudar con infracciones de tránsito que afrontar un hecho de esta magnitud-, con la creación del Ministerio de Seguridad y el desplazamiento de Garré a éste, recibimos una señal de la prioridad que CFK le está dando al manejo de la Policía  Federal por parte de una funcionaria de su confianza y trayectoria. Tengamos presente que no es lo mismo desarticular las Fuerzas Armadas  en un país que no tiene hipótesis de conflicto o que  ésta se limita al caso Malvinas, que reordenar una policía cuya cotidiana operatividad es condición de funcionamiento de un Estado. Ya para el jurista alemán Carl Schmitt, este fue el aporte del pensador Thomas Hobbes con su Estado Leviathan: el nacimiento simultáneo de un Estado moderno y de la moderna policía con el objetivo de “alcanzar la seguridad del Estado civil político”.
  3. Hay oportunísticas declaraciones de políticos refiriéndose a la existencia de un estado de anarquía. Obviamente, declaraciones así, fogonean la situación e intentan socavar la gobernabilidad. Quienes tenemos algunos años ya hemos sido testigos de situaciones similares. CFK está siendo puesta a prueba. Quizás veamos ahora su esencia. Ya no se puede gobernar sólo con el luto y la inercia. Bien. A esos oportunistas hay que llevarlos a la reflexión o al conocimiento que es sabido por los teóricos de  la política que todo orden es político y está basado en alguna forma de exclusión. Siempre quedan antagonismos subterráneos o potenciales que en algún momento y bajo alguna forma, salen a la superficie y se hacen acto. A la política le es connatural lo inabarcable de lo político. Hay política cuando hay, de un lado, dislocación (invasión del parque), y del otro lado, reinscripción de esa dislocación (llevar la situación al terreno político, con medidas). El tema político radica en lo que la pensadora política Chantal Mouffe denomina transformar los antagonismos propios de lo político en agonismos propios de la política. Esta tarea es permanente. Ella solamente la pueden hacer los políticos profesionales. Suscribiendo a la concepción teológica de la política, sólo nos resta tenerles fe.

Alejandro Fidias Fabri

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