Acerca de la serie «Los tipitos» de la artista plástica Cris Schiavone

Gallery nights 2010 – Palermo Viejo
Libros del pasaje – Jueves 9 de diciembre – 19 hrs.
Thames 1762
Acerca de la nueva serie de Cris Schiavone
Dios no juega a los dados en el universo. No existe el azar. Nos lo expone Schiavone en su serie «Los tipitos». El mismo título ya habla de un sutil movimiento, de una transfiguración entre esos sintetizados hombrecitos de palitos que parecen salidos de un comic, o de un simple juego infantil, y el hombre en lo trágico de su vida cotidiana. Lo trágico en sentido griego, en el sentido que Nietzsche definió como el fraternal vínculo entre los dioses Apolo y Dionisos. Lo apolíneo-dionisíaco. Pero no nos dejemos confundir con la primera lectura: la ingenuidad y lo lúdico en Schiavone es sólo aparente. Una apariencia que tiene por función el facilitarnos el ingreso al torrente de la vida, al máximo devenir, a la finitud y a la infinitud, a lo fugaz y a lo eterno, al mito atávico. Así facilita nuestra conexión con la verdadera esencia de la vida mundana.
Esos tipitos que lúdicamente saltan y bailan y corren y son arrastrados y nos miran y son mirados, representan al hombre expuesto al horror del vacío existencial. Representan la radical angustia que portamos y portaremos por nuestra misma condición de ser seres finitos, seres que hemos sido entregados al mundo para finalmente morir, pero para vivir esa experiencia única, para formar parte de esa energía cósmica en constante juego de creación y aniquilación. Esos antagonismos difíciles de comprender, pero que son parte nuestra. Pareciera que es esa la función del artista: ayudarnos a ingresar en nuestra propia naturaleza, a poner nuestra esencia en acto.
Es sabido que para Nietzsche, el instinto apolíneo, el de la mesura, es el propio de las artes plásticas. Schiavone traspasa la concepción nietzscheana y nos lleva con sus tipitos a lo primordial, a lo dionisíaco, a la embriaguez, a la silenciosa música de Gea, la Tierra. A nuestra luz y a nuestra oscuridad. Nos ubica bajo el pórtico «instante», el nudo gordiano que une el pasado con el futuro y que, a la manera de Alejandro Magno, debemos continuamente cortar. Así, esas frágiles figuritas de los tipitos, pueden terminar por convertírsenos en el Übermensch, el superhombre de Nietzsche que está en constante superación de sí mismo, que está en antagonismo con el tiempo mismo, que se hace cargo de ello.
Una vez más, Schiavone, de forma ingenua, de forma trágica, de forma extática, nos dice y nos oculta, nos alude y nos calla. Nos invita a confrontarnos con lo primordial y con lo cósmico. Y ello, con algo que nomina de manera casi liviana, «los tipitos».
Alejandro Fidias Fabri
Diciembre de 2010
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