Las comunicaciones en el Vaticano, un infierno.

Eran las 23.15 en la Ciudad Estado del Vaticano. El  Cardenal Bertone ingresó raudamente al apartamento pontificio. Allí estaba orando el Sumo Pontífice, vestido ya con su camisón de seda  color amarillo victoriano con el escudo de su papado bordado en la pechera. Se sobresaltó al escuchar las palabras con que irrumpió el Cardenal -Su Santidad, discúlpeme la intromisión y la hora. Tal como le adelantara, tengo que conversar con Ud. dos temas que requieren de atención y no permiten dilación alguna.
-No se preocupe Bertone- respondió Ratzinger. Estaba esperándolo. Debo agradecerle a Ud. por todo el empeño y tiempo que dedica a los asuntos de la Iglesia. Ya debiera Ud. estar durmiendo. Tome asiento y repasémoslos rápidamente.
-Su Santidad, la primera cuestión es que se ha puesto en contacto con nuestra Secretaría de Estado el Sr. Sewer, editor en jefe de la revista americana Fortune, pidiéndonos que le pasemos más información económica y financiera de la Iglesia porque han decidido este año agregarla en el ranking  anual de las 500 mayores empresas globales. Por un lado, debiéramos  sentirnos orgullosos de tener un desempeño que nos lleve a ese ranking con la crisis mundial. Pero por el otro lado, desde la óptica religiosa, es preocupante que nos quieran poner dentro de la categoría de empresa-le dijo entrecortadamente Bertone.
-Cardenal, le ruego que no venga a ocupar mi tiempo con estas nimiedades. Solo le digo que en momentos donde he puesto todos mis esfuerzos en una reevangelización de Occidente, un hecho así resultaría catastrófico. A Ud. le he dado las funciones de Secretario de Estado  y Camarlengo precisamente por sus dotes políticas y su capacidad ejecutiva. ¡Eso no puede ocurrir! ¡Resuélvalo! ¡Llámelo a Obama! ¡Llámela a la Sra. Clinton! ¡Haga algo!-le respondió Ratzinger imperativamente.
-Perdón Santidad. Despreocúpese. Tiene Ud. razón. En cuanto al segundo tema, es algo más delicado. Sepa disculparme por la metáfora que voy a utilizar, Su Santidad, pero a lo largo del día, nuestro Departamento de Comunicaciones ha sido un verdadero infierno. Hemos estado recibiendo sin parar e-mails, mensajes de texto, llamados telefónicos y mensajes de twitter de las Sociedades de Filosofía de muchísimos países del mundo reclamando por una frase que Ud. incluyó en la homilía que dió el 6 de noviembre ppdo. en la Plaza de Obradoiro, Santiago de Compostela. La frase en cuestión es:
Es una tragedia que en Europa, sobre todo en el siglo XIX, se afirmase y divulgase la convicción de que Dios es el antagonista del hombre y el enemigo de su libertad. Con esto se quería ensombrecer la verdadera fe bíblica en Dios”. 
Los filósofos se sienten afectados porque entienden que Ud. está descartando que vox populi vox Dei y veladamente está inculpando de los males de la Iglesia a Feuerbach, a Bauer, a Marx y seguramente a Nietzsche, entre otros. Creen que Su Santidad está siendo injusto pues no tiene en cuenta la ayuda que la filosofía le ha brindado a la Iglesia en su etapa romana. Incluso, agregan que el Sucesor de Pedro debiera estar bien consustanciado con que sin la filosofía, el cristianismo primitivo jamás hubiera dejado de ser una simple secta.- dijo Bertone, no sin un cierto desasosiego.

-Mire Cardenal-dijo el Papa. Ud. bien sabe que yo soy uno de los teólogos más importantes  del planeta. Sé lo que digo. Esos dichos son una blasfemia, pero solo el Señor es infalible. Tenga Ud. a bien dejarme la carpeta y mañana continuaremos conversando el tema. Alguna solución le encontraremos. No nos vamos a dejar apabullar por la tecnología de la comunicación y menos por Sociedades que carecen de entidad frente a una Institución como la que nosotros dirigimos. La Iglesia tiene que resistir este tipo de embates. Ahora, si me hace el favor, he tenido un día de mucha actividad y necesito dormir.

Mientras el Cardenal Bertone se iba retirando, el Papa lo bendijo  realizando con su mano derecha una señal de la cruz en el aire, mientras decía-¡Qué Dios lo acompañe en su descanso!-
Una vez en la cama, Ratzinger leyó un rato el capítulo de la Suma Teológica de Tomás de Aquino dedicado a la cuestión del lenguaje de los ángeles. Le interesaba específicamente el Art. 1, Si los ángeles hablan. Pasados unos minutos, sintiendo ya el peso del ajetreado viaje a España, colocó el tomo sobre la mesa de luz para disponerse a dormir. Recordó que el ayudante de cámara le había avisado esa mañana que ya estaba a punto el nuevo sistema de comando verbal de los servicios del apartamento, nominado Genesis. Estaba ansioso por comprobar su funcionamiento. Estiró entonces la sábana hasta la altura de sus hombros y, marcando una tenue sonrisa pronunció con una voz algo impostada:
-¡Apágate luz!- y la luz se apagó. 
Pensando en la comodidad del nuevo sistema electrónico, se quedó dormido. Un día más había pasado.
Nota: No os sorprendáis lectores, la frase de la homilía del Papa es un hecho verdadero, el resto, solo verosimilitud.
Alejandro Fidias Fabri
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