Los políticos, ¿medio animales?

En la sección política de La Nacion, aparece hoy un artículo titulado “Dolor y política”. Allí, la periodista se refiere al dolor mostrado por la presidenta durante el breve discurso televisivo que pronunció desde la Casa Rosada con motivo de su retorno al trabajo luego de las exequias de su marido. En dicho artículo, contrapone la imagen en que “apareció en escena una mujer con su sensibilidad (inocultable) a cuestas” frente a aquella  a que “el kirchnerismo nos acostumbró, con El Príncipe debajo del brazo, a que la debilidad puede ser cuaquier cosa menos evidente”. No parece ser una lectura completa de la situación ni de El Príncipe.
Por un lado, la periodista realiza un sutil deslizamiento de los significados de «sensibilidad» y «debilidad», hasta superponerlos, con lo cual  pretende  confundir al lector.También estaría vinculando la exposición de la sensibilidad –ergo de «debilidad»- a un tema de género. La mujer puede estar culturalmente más legitimada que el hombre para exponer públicamente su sensibilidad, pero ello no significa necesariamente debilidad. Tan solo pensemos en las Madres de Plaza de Mayo que marcharon en los `70 expresando su dolor con valentía. No hubo en este caso una superposición de dolor y debilidad. Tampoco hubo Padres de Plaza de Mayo y por ello falazmente deducir una debilidad de género.
Por otro lado, ya haciendo cargo al lector de haber legitimado su deslizamiento, deduce ella que el kirchnerismo siguió con anterioridad las recomendaciones de El Príncipe, y por ello no hicieron evidente su debilidad. Digamos que es una lectura muy simplista que se basa solo en la interpretación “maquiavelica” y superficial de la obra. No tengo presente que específicamente diga eso, pero ya desde épocas de Sócrates había maestros del engaño para los aspirantes a la política, lo sofistas. Sí dice Maquiavelo repetidas veces que el príncipe debe “saber simular y disimular”, refiriéndose a sus intenciones políticas, no al hecho de una pérdida personal.
Profundizando más en El príncipe, no ya como un texto maquiavélico sino como el texto fundacional de la ciencia política, donde la política pasa a ser considerada como autónoma y no ya subordinada  a la ética, lo propio del medioevo cristiano, podemos enfocar nuestra atención en el capítulo XVIII, Cómo deben ser guardadas las promesas por parte de los príncipes. Describe allí Maquiavelo que Aquiles y otros príncipes fueron educados por el centauro Quirón (mitad hombre y mitad caballo) y que por ello, el príncipe debe saber utilizar una y otra naturaleza, “saber utilizar bien a la bestia y al hombre”, y “la una sin la otra no es durable”. Agrega que la porción de bestia debe ser zorro y león, de acuerdo a la circunstancia particular, “porque el león no se defiende de las sogas, y el zorro no se defiende de los lobos. […] Pero es necesario a esta naturaleza saberla colorear bien, y ser un gran simulador y disimulador.” 
Cristina Kirchner parece haber sido educada por Quirón. Hay oportunidades en las cuales el exponer publicamente un sentir, el que el parecer coincida con el ser, sea propio de un humano, y quizás también de un zorro o un león. No hay que estar imaginándose debilidades políticas por simples y rudimentarias traslaciones.
Asimismo, hay que saber que Maquiavelo, a lo largo de la historia del pensamiento político, ha sido ponderado y detractado. Su obra no tiene una sola lectura. Grandes pensadores han rescatado a un Maquiavelo no maquiavélico. Y es en ese en el cual pienso.

 Alejandro Fidias Fabri

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