Cualquier agresión clasista que podamos haber escuchado durante estos días de duelo, se esfuma frente a la impactante asistencia de la ciudadanía a las exequias del ex-presidente Nestor Carlos Kirchner. Seguramente muchos de ellos tengan el recuerdo y otros no lo tengan  de que, hace nueve años, la Plaza de Mayo era invadida por argentinos con cacerolas exigiendo que se fueran todos los políticos. Hubo asesinatos de ciudadanos y hubo huída en helicóptero de la persona a la cual le habíamos confiado la Primera Magistratura. Un helicóptero que en aquella oportunidad vimos despegar con odio, hoy lo vimos aterrizar con dolor portando a la Presidenta de la República para brindarle su adios al  ex-presidente, al líder del Justicialismo, a su marido, al padre de sus hijos, a su socio político, al Secretario de Unasur, al hombre con  ideas e ideales, al hombre con cojones, al hombre decisionista. Hoy, muchos nos vimos embargados por una enorme emoción. La emoción de sentirnos lo que Aristóteles llamó zoon politikon, animales políticos. Los años de gobierno del kirchnerismo nos vienen devolviendo la capacidad de sentirnos nuevamente, y a algunos por primera vez, ciudadanos políticos. La capacidad de derrumbar el muro que separaba la política de  la ciudadanía. Seguramente, algunos desde un lado y otros desde el opuesto. Pero politizados. Le perdimos el miedo a estar politizados. Kirchner tenía razón. Todas las administraciones han tenido aciertos y errores. Los aciertos de Kirchner fueron importantes. Considero cuatro que le han hecho ganar su lugar en el panteón de los grandes presidentes de la historia: primero, la renegociación de la deuda y consiguiente desprendimiento de la mentalidad de colonizados; segundo, la bajada del cuadro de Videla, que implicó varias conquistas, entre las cuales, la de tener un presidente que no solo tuviera el título sino que ejerciera la Comandancia de las Fuerzas Armadas; tercero, la política de Derechos Humanos; cuarto, el Unasur, una visión que ya había tenido el General Perón (“el año 2000 nos va a encontrar unidos o dominados”) pero parecía una entelequia. No es casual la asistencia de tantos presidentes latinoamericanos. Algo habrá hecho Kirchner. Nunca se escucharon palabras tan sentidas de parte de líderes latinoamericanos. Algo habrá hecho Kirchner.
Se escuchan algunos comentarios devaluantes hacia CFK. ¿Renunciará? ¿Seguirá con el modelo? ¿Tendrá que negociar con Moyano?¿Tendrá que negociar con Duhalde? Estas insidiosas preguntas contienen justamente lo que Kirchner batalló: los grupos de interes al acecho, la presunción de falta de confianza en sí mismo, de debilidad. Aquellos que con  inusitada deferencia le han ofrecido estos días su “colaboración” saben bien que , de aceptarla, la Presidenta estaría sojuzgada. Si bien Cristina es Kirchner, Kirchner tambien era Cristina. La entereza de la Presidenta al ingresar hoy a la Casa de Gobierno, la entereza con que enfrentó las exequias, el calor con que fue acompañada por los líderes regionales, por el pueblo, por los miltantes y no militantes, por gente de corbata y gente de camiseta. Cristina no es novata. Cristina tiene su propio peso. Es mujer y algunos lo ven como una debilidad. Estan equivocados. Quizá debieran verlo como fortaleza. Cristina es un animal político. También tiene ahora su oportunidad de quedar en la historia. Si a Cristina le va bien, a nosotros nos va bien. Pero, es hora de chacales. Tendrá que medirse. Puede sorprender a más de uno. Las jugadas ya se están llevando a cabo. Es la política.
En lo que respecta a Kirchner, algunos le adjudicaron su política  a pensadores tales como Schmitt, Laclau y Mouffe. Otros, a su intuición. Lo que sí sabemos con certeza es que, minimamente, lo recordaremos como aquél estadista que nos hizo olvidar el amargo «que se vayan todos». Y ello, ya seamos seguidores u oposición.
Alejandro Fidias Fabri
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