Las fábulas de Esopo dejan una enseñanza moral. Debiéramos también reflexionar y buscarla en el rescate de los mineros de la mina Esperanza. Hoy día una persona me dijo que le quedaba como mensaje el importante poder de la tecnología. Cómo la tecnología logró resolver el problema. Digamos que es un pensamiento iluminista. Es una fe ciega en las ciencias que desprecia la lectura de la destrucción del ecosistema que estamos llevando a cabo en el planeta. El futuro todo lo resuelve. La nueva religión.
Las sociedades se hallan en el presente dominadas por la ecuación «dinero por destrucción». El lema «in God we trust» todo lo justifica . La gran mayoría de los bienes durables y de consumo, generadores de empleo y de rentas, son básicamente generadores de destrucción no renovable del ecosistema. A mayor consumo, más dinero. A mayor consumo, más fuentes de trabajo. A mayor consumo, pérdida de la sustentabilidad ecológica. Pareciera ser una ecuación paradójica si no irracional. Esta sociedad llamada por el sociólogo alemán Ulrich Beck la «sociedad de riesgo» “no consiste tanto en asumir que en el futuro tendremos que vivir en un mundo lleno de riesgos inexistentes hasta hoy, como en asumir que tendremos que vivir en un mundo que deberá decidir su futuro en unas condiciones de inseguridad que él mismo habrá producido y fabricado. […] estamos sufriendo las consecuencias indirectas del éxito de la modernización”. O seguramente la ecuación sea aún peor: algunos están sufriendo las consecuencias del disfrute de otros. Vivimos en una época de la que nos podría rescatar un mínimo de solidaridad. la solidaridad de ser al menos consumidores responsables. Responsables de la sustentabilidad del planeta y de la vida. Pensar cuando vamos a cambiar un electrodoméstico por un modelo más nuevo que éste contiene cobre y que con nuestra compra estaremos colaborando en que haya un minero trabajando en condiciones inhumanas a 700 mts. de profundidad. ¿Qué pasará si no renovamos nuestros equipos electrónicos?¿Habrá menor demanda de puestos de trabajo? Seguramente sí, pero allí aparece nuestra segunda responsabilidad: propugnar el cambio del modelo imperante de capitalismo despiadado. Debiéramos pensar en un modelo más humano o, mejor dicho, humano.
Los acontecimientos de la mina Esperanza nos podrían dejar como enseñanza, como moraleja, el replantearnos en nuestra cotidianeidad una vida de mayor reponsabilidad como consumidores. O mejor, como ciudadanos que somos consumidores responsables. Quizá debiéramos pensar que así como los cigarrillos tienen una etiqueta que advierte que “El fumar es perjudicial para la salud”, en un futuro podramos llegar a encontrar en los bienes durables, semidurables y de consumo una etiqueta que rece “El sobreconsumo de estos bienes puede ser causa de la muerte de otros y seguramente dañe al ecosistema”.
Alejandro Fidias Fabri
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