Un reconocido matutino de Buenos Aires nos anoticia hoy que “más de 7 mil personas, entre familiares, amigos de víctimas  y autoconvocados, se reunieron en la tarde-noche de ayer en torno a la Plaza de Mayo para reclamar contra la inseguridad”. El pedido era que “la muerte del ser querido no sea tragada por la avalancha de casos, que los dirigentes hagan cumplir las leyes vigentes, que se aplique la mano dura o, directamente la Ley del Talión”. Situación dura la de perder un ser querido en manos de la violencia. Lo que se está pidiendo, situación para reflexionar.
El sociólogo alemán Ulrich Beck acuñó en 1986 el término «sociedad de riesgo» para reflejar “una época de la sociedad moderna que no solo abandona las formas de vida tradicionales, sino que además está descontenta con las consecuencias indirectas del éxito de la modernización”. Denuncia que a partir de cogito ergo sum cartesiano, con el sujeto fundamentador, tuvo lugar la etapa de la «modernización simple», “caracterizada por la creencia en la sustentabilidad ilimitada del progreso técnico económico natural” y que estamos ahora viviendo la «segunda etapa de la modernidad». Ironiza esta etapa fundándola en la frase «Arriesgo» ergo sum. “me arriesgo, luego existo; sufro, luego existo”. Esta época se caracteriza por ser aquella en la cual los «daños colaterales» de la misma modernidad pasan a ser relevantes y ponen constantemente en peligro la sustentabilidad de la vida. A su vez, ya no se trata de un problema de Naciones, es un problema «cosmopolita».
Desde el advenimiento de la llamada democracia moderna, los  pilares que la fundamentan han sido y son la «igualdad» y la «libertad». Advierte Beck que hoy día el miedo, que condiciona la vida en la mayoría de las sociedades, está generando que la «seguridad» esté desplazando a la libertad y a la igualdad como valores deseados. Esta situación es tambien riesgosa. Grupos de ciudadanos, en sus dolores, piden mayor seguridad a los gobernantes sin percibir que en su ejecución, posiblemente estén erosionando las mismas bases de la democracia. Habría por detrás, una perversa e inadvertida ecuación: exigirle a la Aministración de  la democracia que se convierta “en un «totalitarismo antirriesgo» aparentemente racional”.
Desde otra óptica, la inseguridad ya ha dejado de ser para los gobiernos un simple número de una estadística. La política no es actuada ya solo por aquellos que Max Weber llamaba «políticos profesionales». Una movilización organizada de ciudadanos, es una acción política. La política no solo la ejercen los funcionarios del Estado. Por ello, como ciudadanos, tenemos que ser conscientes que somos actores de lo que Beck también llamó la «modernización reflexiva». Ello implica que visto los daños colaterales de nuestras acciones suelen ser invisibles y complejos, reflexionemos antes de actuar. Pedir que se aplique la mano dura o la Ley del Talión es un deseo de justicia peligrosamente bifronte.
Alejandro Fidias Fabri
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