El sofista Gorgias, el presidente Obama y el anunciador Zaratustra

Decir que vivimos en un mundo «gorgiano» hace referencia a la usual creación de realidades mediante el uso de la palabra, sin correspondencia alguna con la realidad verdadera, externa al lenguaje. Hay un escisión entre lenguaje y realidad. Bien sabemos que es en el ámbito de la política donde es más frecuente su ejercicio.
El uso del término «gorgiano» es casi tan antiguo como la política misma: fue acuñado en “honor” a Gorgias de Leontinos, sofista y afamado maestro de oratoria que vivió entre el 485 y 376 a.C. Gorgias plantea en el texto Acerca del no ser su tesis en la cual niega el vínculo entre los objetos y el pensamiento. Así, no son las cosas las que comunicamos a los demás sino las palabras, que son distintas de las cosas. Las palabras no serán portadoras de “verdad” sino de persuasión al oyente. Queda entonces el lenguaje no como algo que significa sino como algo que produce efectos en el oyente y persuade. La palabra deja de tener una responsabilidad parmenídea (correspondencia entre el pensamiento, la palabra y la cosa).
¿Era Gorgias ecologista? Pareciera que no. Pero pareciera que Obama, siendo candidato presidencial era un ecologista «gorgiano». Durante su campaña en 2008 realizó declaraciones públicas criticando intensivamente la propuesta  republicana de incrementar y liberar la perforación offshore para petróleo y gas en costas de los Estados Unidos. El quería un país con energía “limpia” y sustentable y no poner en riesgo el biosistema. Hasta aquí, una propuesta atractiva para el electorado.
Siendo ya presidente, hacia fines de Marzo de 2010, anuncia un plan, “meditado a lo largo de un año”, para levantar la prohibición de la explotación offshore. Agrega que se trata de un plan estratégico para convertir a los Estados Unidos en un país no dependiente de los países árabes, y  con “energía limpia”. En sus palabras, “fallar en el reconocimiento de esta realidad sería una equivocación”.
Quizo luego la indeseable realidad que ocurriera el desastre ecológico con la plataforma petrolífera de BP en el Golfo de Méjico. Gorgias ya no fue suficiente, era necesario Dios. Fue entonces cuando, durante una reunión  en la Casa Blanca con sus asesores, así como Dios en el Génesis dijo “Sea la luz, y la luz fué”, Obama, con un imperial estilo, ordenó: “Plug the damn hole!” (taponen el madito agujero!), pero la ciencia no lo ayudó. Sorpresivamente descubrió que el relato iluminista del progreso indefinido de la humanidad ya se cayó en el siglo XX. Ese relato, una creación del hombre pensante, tuvo un potente enemigo que le erosionó las bases: el hombre mismo. Pareciera que aún no nos hemos hecho cargo de ello y pretendemos personificar no ya a Gorgias sino a Dios: algunos hombres actúan como si sus palabras creasen realidades en correspondencia con la Verdad. Quizás esté haciendo falta que Zaratustra baje de la montaña para avisarnos nuevamente que «Dios ha muerto», y entendamos que el mundo, humildemente, está en nuestras humanas manos. ¿O serán nuestras animales garras?
Alejandro Fidias Fabri
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