A fines de Abril se realizará en Cochabamba, Bolivia, la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra Bolivia (Sitio web de la Conferencia). Resulta particularmente importante este nuevo movimiento de promover la concesión de derechos universales a  la Madre Tierra con la intención de reafirmar lo imperioso que resulta el retorno al uso coherente y a la no depredación sin límites de esta. Sólo así se podrá garantizar la posibilidad de la pervivencia de la vida humana. Ya la Teogonía de Hesíodo nos explicaba la centralidad de la pareja primordial de Gea y Urano, la Tierra y el Cielo que, como aclara el helenista García Gual, “produce la progenie esencial de dioses y hombres a los que el mundo les está encomendado”. Debiéramos hacernos cargo de la importancia del significado de la frase «el mundo les está encomendado». A nosotros, los hombres, el mundo nos está encomendado, pero,  paradójicamente, solo un mundo «encomendado» nos permitirá continuar habitándolo.Sabemos, asimismo, que el antropólogo Claude Levi-Strauss detectó la universalidad de los mitos. Por ello encontramos en el noroeste argentino, como herencia de la cultura incaica, a la Pacha Mama, la Madre Tierra, deidad que se conmemora anualmente y representa a la Tierra y a todos los frutos que ella nos da. Casi pareciera una suerte de oxímoron el que la Madre Tierra obtenga algo propio de la modernidad como son los derechos. La modernidad generadora de la explotación descontrolada entiende en un punto que si los hombres obtuvimos en 1789 el Derecho del Hombre, viene siendo momento de reconocerle derechos a la Tierra. No derechos del hombre sobre la Tierra sino derechos de la Tierra para defendenderse del hombre y su codicia, y paradójicamente defender las condiciones de posibilidad de supervivencia del género humano y la biodiversidad.  No es menor el hecho que esta propuesta se genere en Bolivia y en Sudamérica. País y subcontinente con tradición de haber sido proveedores (o víctimas explotadas) de países o imperios centrales (o del hemisferio norte). Ahora, están corriendo vientos de una cierta fortaleza y unión de movimientos sociales y gubernamentales de paises de la región para trabajar mancomunadamente formando un grupo político-económico que fortalece la posición de negociación en un escenario de fin del mundo bipolar y de un cierto posterior relajamiento (resulta dificil encontrar el adverbio que se ajuste a la situación) de una suerte de modelo de neoimperialismo global.
Si bien no trató explicitamente el tema de la ecología, el considerado más importante filósofo del siglo XX, Martín Heidegger, sí se preocupó por los efectos que estaba produciendo el paradigma propio de la época moderna. En su texto La pregunta por la técnica, da una muy particular visión acerca de la técnica, la cual el considera uno de los fenómenos esenciales y que distinguen a la Edad Moderna. Por lo pronto, explica que la técnica no es una mera aplicación, en la práctica, de la moderna ciencia matemática de la naturaleza, sino que es, por sí misma, una transformación autónoma de la práctica. Podemos traducirlo a términos corrientes considerando que la técnica “tiene vida y desarrollo propios”. El entiende que en la técnica moderna prevalece “una provocación que pone ante la Naturaleza la exigencia de suministrar energía que como tal pueda ser extraída y almacenada”. La técnica “emplaza a la Naturaleza en el sentido de la provocación”. Agrega que la Naturaleza tiene ocultas aquellas riquezas que la técnica provocará a la desocultación. A esas riquezas -ya sea la tierra para el grano, el petróleo, los minerales,  el agua potable, etc.- el las denomina con mucho ingenio las «existencias». Aquellos que hemos tenido experiencia en el comercio o la industria sabemos que la palabra «existencia» representa aquellos bienes que están resguardados en el stock a la espera que el cliente lo solicite y sean activados, retirados y entregados para su uso (o abuso).  Queda entendida así la Naturaleza “como el almacén principal de existencias de energía”. Hace aún una apuesta más fuerte describiendo a esa provocación que impulsa al hombre  a solicitar lo que sale de lo oculto como existencia, y lo denomina «estructura de emplazamiento» (Gestell). Se lo puede pensar como la góndola del supermercado que nos “pide” que retiremos un producto de ella para cargar nuestro carrito. Ese instante es sacar porque nos vemos interpelados a sacar. Quiere decir que el hombre ve a la Tierra como a una enorme góndola, como a la Góndola. Heidegger califica de peligrosa a esta «estructura de emplazamiento», “desde el momento en que lo no oculto aborda al hombre […] como existencias y, el hombre es ya sólo el solicitador de existencias”. La salida de Heidegger a este problema es poética: siguiendo a Hölderlin, expresa que “donde está el peligro, crece también lo que salva”. Pero insta al hombre a recuperar su esencia y meditar sobre la esencia de la técnica. “Cuanto más nos acerquemos al peligro, con mayor claridad empezarán a lucir los caminos que llevan a lo que salva, más intenso será nuestro preguntar. Porque el preguntar es la devoción del pensar”. Vale aclarar que Heidegger no se opone a la técnica sino que nos insta a repensar su esencia. Quizás nosotros, cada vez que actuamos en la vida retirando algo del escaparate que nos pide ser retirado, debamos reflexionar la verdadera necesidad de ello, seguir mentalmente la cadena que llevó a su retiro de la Naturaleza  y, en ese mismo acto, recuperar nuestra verdadera esencia humana. Como ejemplo de nuestra vida cotidiana, lo que Heidegger entendería por “retirar del escaparate” podría comenzar desde el corriente uso banal de la telefonía celular. Tengamos presente en nuestras actitudes que la Pachamama carece de repositores para sostener ritmos de explotación depredatorios. Depredándola, nos depredamos.
Alejandro Fidias Fabri
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