Heidegger, en su texto El origen de la obra de arte, afirmó que toda obra de arte es develadora de esencias. La obra de arte habla acercándonos la verdad de lo que representa. Para este filósofo, la misión del arte es mostrarnos lo que cada cosa es en función de un mundo humano, en el que encuentra su exacto significado y al que aporta un complemento enriquecedor.

El pensar en este complemento enriquecedor del mundo humano a que se refiere Heidegger, me transporta a muchos años atrás, cuando el reconocido artista plástico Luis Felipe Noe exhibió en la Galería Klemm una obra titulada “La Burla”. Dicha obra tiene dos personajes: uno que burla y otro que es burlado. Frente a mi curiosidad sobre dicha representación, el artista me explicó que simbolizaba el doble juego del ser humano: “¿Quién en la vida no ha sido burlador, quién en la vida no ha sido burlado?” Quiere decir que asi como se dice que todos poseemos el bien y el mal, también todos seríamos potenciales víctimas y victimarios de la burla, del engaño.

Visto que pareciera ser más facil ver los defectos en el afuera y más cuando están revestidos de carácter público, en una visión quizás facilista, nos trasladamos a las arenas de la política. Vemos así que cuando en el año 2002 Duhalde propuso a Kirchner para presidente, tras haber pasado por un período “definitivo” de alejamiento de la política, ahora se considera el único capaz de vencer en las elecciones del 2011 a su antaño designado. El burlador es primeramente burlado y ahora quiere volver a burlar. En otro matutino, el experto en marketing político Durán Barba, nos informa que  de Narváez, el otrora aliado político de Macri, pretende lograr la capacidad de ser presidenciable invocando el artículo 23 de la Convención Internacional de Derechos Humanos de San José de 1969. Estratégicamente omite referirse al segundo artículo de dicha Convención, el cual claramente lo dejaría fuera de carrera. Aquí hay burla, hay burlador y hay burlado. Es dificil definir el rol o los roles de cada uno en una dinámica tan fuerte. Por supuesto que hay una infinidad de casos más, entre los cuales podríamos señalar las disputas de diversos grupos o tendencias por el enseñoreamiento de la Memoria durante los actos y movilizaciones del 24 de marzo.

El jurista alemán Carl Schmitt, en su libro de 1932 El concepto de lo político, nos dice que “la distinción política específica, aquella a la que pueden reconducirse todas las acciones y motivos políticos, es la distinción de amigo y enemigo“. Esa categorización la vemos activamente en la actualidad, aggiornada con un importante componente de engaño, de burla. El ser amigo o enemigo es una categoría enormemente lábil. Durante las votaciones que se llevan a cabo en el Congreso, las composiciones y posiciones van variando hora a hora de una manera sorprendente. Si bien no es una comparación que haga Schmitt, por ser las categorías «amigo» y «enemigo» propias de la hostilidad, y la palabra latina hostis cubrir el espectro de enemigo de guerra o enemigo público, nos permite la licencia de pensar en los consejos para la guerra de experiencias que Maquiavelo extrae de la historia. En su libro Discursos sobre la primera década de Tito Livio explica que “aunque el engaño en cualquier acción es siempre detestable, sin embargo, en el manejo de la guerra, es algo laudable y glorioso y, al mismo tiempo, es alabado aquél que con engaño supera al enemigo…”.
Así, llevados por el aspecto poético del arte, y quizás a nuestro pesar, bien podríamos retitular a este cuadro de Noe como “El arte de la política”. Se trata simplemente de una forma  lúdica de relacionar arte, burla y política. También de una de la infinita cantidad de significaciones que puede contener esta obra.
Alejandro Fidias Fabri
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