El miércoles 24 de marzo es feriado nacional. ¿Qué se conmemora?

Cuando nos referimos a la Memoria con mayúsculas, se trata de aquella promovida  en nuestra República Argentina por el “Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia” que corresponde a la Ley Nº 26.085, sancionada y promulgada en el 2006 por las Cámaras de Diputados y  Senadores de la Nación, declarando feriado nacional al 24 de marzo. Es el Día de la Memoria en homenaje a todas las personas que sufrieron persecuciones, encarcelamiento, torturas, muerte o desaparición durante la represión llevada a cabo por el terrorismo de Estado. ¿Por qué el 24 de marzo? Seguramente sea para que, por un lado recordemos a las víctimas y, por el otro, tengamos presente la fecha de la ruptura del orden democrático que llevó al genocidio. Que asociemos «ruptura del orden institucional» con «arbitrarias rupturas de vidas no vividas». Es central que como política de la Memoria se lo haya establecido como un feriado “no trasladable” a los efectos de no banalizar el horror no solo de haber tenido un gobierno que atentó contra la democracia sino también  de haber sido gobernados por ejecutores de un terrorismo de Estado. Si bien aún hoy, transcurridos 34 años del golpe, hay diversas discusiones por las cifras de desaparecidos, centrarse en la cantidad también sería banalizar el hecho. Debiéramos centrarnos en que el motivo principal es el de un Estado que mató aquello que previamente formuló como diferente.Un Estado que gobernó con la espada ensangrentada, ajusticiando cobarde y subrepticiamente a personas, a ciudadanos, para transformarlos en NN, Non Nominatus, no nominados, sin nombre, cadáveres sin lápida, cadáveres sin nombre.
La cuestión no es ubicarnos en un lugar de facilismo del pensamiento. La pregunta sobre la memoria nos llevará a aquellos que vivimos aquél 24 de marzo de 1976 a nuestro propio y privado análisis sobre la ignorancia o no que hayamos podido tener sobre la gravedad de aquello que estaba ocurriendo. Nos llevará a comparar esa postura funcional, ideológica o borreguil que luego del advenimiento de la democracia y los juicios a las Juntas, con la Justicia, pudimos contrastar con el develamiento de la Verdad. Nos llevará a contrastar la memoria con la Memoria.
Muchos piensan y frecuentemente remarcan que desde el Estado se le de demasiada importancia al pasado y no tanta al futuro. Si bien esta visión pueda estar teñida de ideología, esta visión deshumanizada y mercantilizada contrasta con la expuesta por el filósofo alemán de orígen judío Walter Benjamin, quien en sus tesis Sobre el concepto de la historia, se refiere particularmente a lo parcial de la historia que en pos de un supuesto progreso racional, no contempla las víctimas que quedaron en el camino, a los proyectos de vidas que no fueron. El llama a la historia “la historia de los que sobreviven”. Dice en una de sus tesis:
“Hay un cuadro de Klee que se llama Angelus Novus. Representa a un ángel que parece estar a punto de alejarse de algo a lo que está clavada su mirada. Sus ojos están desencajados, la boca abierta, las alas desplegadas. El ángel de la historia tiene que parecércele. Tiene el rostro vuelto hacia el pasado. Lo que a nosotros se presenta como una cadena de acontecimientos, él lo ve como una catástrofe única que acumula sin cesar ruinas sobre ruinas, arrojándolas a sus pies. Bien quisiera él detenerse, despertar a los muertos y recomponer los fragmentos. Pero desde el paraíso sopla un viento huracanado que se arremolina en sus alas, tan fuerte que el ángel no puede plegarlas. El huracán le empuja irresistiblemente hacia el futuro, al que da la espalda, mientras el cúmulo de ruinas crece hasta el cielo. Eso que nosotros llamamos progreso es ese huracán.”
Así, Benjamin, quien por propia decisión fue testigo del horror del nazismo, insta a los hombres a no construir un pretendido “progreso” sobre cadáveres.
Centrándonos algo más en la Memoria, es un tema que tiene muchas aristas y algo de complejidad. Una cantidad importante de filósofos ha tratado el tema, especialmente vinculado al Holocausto. La  construcción de la Memoria (colectiva) está intimamente vinculada  a la Historia y, en aquellos países relacionados con el Holocausto, son aún hoy en día políticas de Estado con elevados presupuestos destinados a la investigación y a programas de educación ad hoc (especialmente Alemania e Israel). Un curso que dicté en el 2009 se refiere particularmente a un film que trató el tema, del cual se puede inferir la posibilidad que aún perviva en el hombre la capacidad o el clima que pueda desatar otro acontecimiento de similares características (Remitirse a:  Curso de análisis del film “La Ola”).
El tema de la memoria dista de ser unívoco y, paralelamente, podemos encontrar distintas tendencias e interpretaciones. Baste como ejemplo primeramente notar la equivocidad del término «genocidio», equivocidad funcional a la necesidad de la aprobación de los países firmantes, muchos de los cuales se encontraban y encuentran en los bordes (o adentro) de ella. La resolución formulada por Naciones Unidas a  los efectos de lo ocurrido en la Alemania nazi, válida desde 1951, dice:
“En la presente Convención, se entiende por genocidio cualquiera de los actos mencionados a continuación, perpretados con la intención de destruir, total  o parcialmente, a un grupo nacional, étnico, racial o religioso, como tal:
a) Matanza de miembros del grupo;
b) Lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo;
c) Sometimiento intencional del grupo a condiciones de existencia que hayan de acarrear su destrucción física, total o parcial;
d) Medidas destinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo;
e) Traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.”
La tipificación del genocidio como crímen de lesa humanidad, lo convierte en un delito imprescriptible.
Respecto al tema de la Memoria como política de Estado, esta cumple la función de promover la investigación histórica, la educación y la prevención de la sociedad sobre la relevancia de respetar y respaldar  las instituciones democráticas, al igual que de rechazar cualquier tipo de accionar contrario a los  derechos humanos.Esta política tiene por finalidad el articular la memoria personal con la Memoria colectiva, propiciando las investigaciones histórica y forenses, museos que exhiban los desarrollos y los resultados del terrorismo de Estado, generar foros de discusión, articular programas difusores dentro de las  currículas escolares, etc. Olvidar un trauma creado en el seno de la sociedad es la posibilidad de la pervivencia de su repetición. Por ello, como sociedad, una cantidad de Memoria es sana y proyectiva. El filósofo Tzvetan Todorov nos advierte en su escrito Los abusos de la Memoria, sobre el peligro del delgado límite entre una Memoria sana para la sociedad y una Memoria manipulada por el Estado con fines ideológicos. Ello no debe ser impedimento para diseñar y ejecutar dichas políticas, sino un aliciente para discutirlas dentro de un ámbito plural y multidisciplinario. Otro problema no menor es el de quiénes están afuera y quiénes estan adentro de esta conmemoración. Por ejemplo, es sabido que ya durante el gobierno constitucional de Perón, López Rega y la “Triple A” organizaron crímenes basados en la ideología política. Las  operaciones de recorte que se hacen, ya sea motivadas por el mismo caracter de pasado del pasado, ya sea por motivos ideológicos, es lo que el filósofo francés Paul Ricoeur, en su texto La memoria, la historia, el olvido, expone como las múltiples opciones del “olvido”. Entiende que en un nivel superficial el olvido es lo opuesto a la memoria, resultando en una amenaza cuando se intenta recuperar el pasado y en algo “apropiado” cuando es funcional a otros intereses. Cerrando el tema, Ricoeur señala tres componentes centrales: la memoria, el olvido y la rememoración, que cumplen la delgada y delicada  función de reivindicar la identidad colectiva o de manipularla ideológicamente.
Hemos así realizado un somero y parcial recorrido sobre los temas que atañen a una política de la Memoria y a la relevancia que ella entraña en la construcción de una identidad colectiva y los problemas que se pueden presentar.
Alejandro Fidias Fabri
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