Platón: acerca del alma

El concepto de alma en la antigüedad griega
Según W. Jaeger[1], en sus primero versos de “La Ilíada” Homero utilizó la palabra yuxai/ refiriéndose a las almas como sombras de los héroes arrojadas al Hades, separadamente de “ellos mismos” (sus restos mortales). En varios pasajes se puede leer que la psyché se separa de la persona muriente, escapándose de su boca o de su cuerpo  para dirigirse al Hades. Pero, a aquello que nosotros llamamos “alma” o “conciencia”, Homero lo llamó qumo/j , que designa al corazón o a algún órgano vinculado a las funciones volitivas o emotivas. Para Homero no hubo una idea de alma humana de origen divino ni una división dualista en cuerpo y alma.
La teoría animista de Rohde concibe a la psyché homérica como un doble que habita en el hombre mientras vive y lo abandona al morir, dirigiéndose al Hades donde permanecerá como una sombra.
En la teoría de Otto, la criatura homérica que vaga por el Hades (psyché), tendría su origen en las creencias primitivas.
Entonces, vemos una aplicación del término psyché conectada con una persona viviente: la utiliza para designar su vida, su vida animal. Pero, también hay un uso individual personal  de la psyché que anda por el Hades como un ídolo que tiene semejanza con la persona viviente.
Encontramos en Homero expresiones como “la psyché se le escapó volando de la boca” o “del cuerpo” al referirse a la escapatoria de la “vida”, mientras que en los poemas órficos encontramos la concepción de la psyché que entra en el hombre al nacer.
Se puede ver que los usos homéricos más comunes son qumo/j cuando se refiere a “pasión”, “voluntad”, “alma”, “espíritu” (en su acepción de ánimo y valor) y yuxh/ cuando se refiere a “vida”.
Aceptando que la tradición normalmente se ajusta a vocablos viejos y de significados fijos, y la dinámica propia de una masa hablante, podemos pensar que hubo un desplazamiento de la aplicación del término yuxh/ , abarcando éste el significado de qumo/j. Ocurrió así una coalescencia de alma-vida y conciencia en el término psyché.
En esta amplitud conceptual del término psyché, pareciera que Homero considera como “verdadero hombre” al cuerpo del hombre, en contraposición a la sombra que deambula en el Hades. El alma sería la imagen del “no-ser-más” del hombre.[2]
A partir del siglo VI a.C., la doctrina órfica trae consigo un giro radical en el significado de psyché: en el hombre se aloja un demon, caído en el cuerpo para expiar una culpa cometida originariamente. Este alma de origen divino preexiste y sobrevive al cuerpo, distinguiéndose del mismo como algo totalmente diferente (ya no será una imagen o sombra del mismo). El hombre deberá purificar el alma mediante determinados ritos para liberarla de la prisión del cuerpo y permitirle las reencarnaciones subsiguientes con miras a la conclusión de su purificación. De acuerdo a los mitos órficos, el ser humano tiene una naturaleza dualista: el cuerpo (terrenal y corrompible, formado por las cenizas de los Titanes) y el alma (inmortal, creado del corazón de Dioniso, hijo de Zeus). Encontramos como diferencia con los griegos anteriores que la humanidad se une a lo divino, se introduce el concepto de culpa original, y la inmortalidad del alma desde otra óptica. Pero, éste alma de los órficos sigue aún separada de la inteligencia y de la conciencia.
En el siglo VI a.C., los pitagóricos en la Magna Grecia habrían sido influenciados por los órficos, con el agregado que la purificación del alma no se lograba través de sacrificios sino que por ser el alma la potencia intelectual del hombre, la purificación se alcanzaba en gran medida a través de una estricta educación científica, que en el caso de ellos era matemática, al igual que con el cumplimiento de una serie de preceptos de forma de vida. Según Grube, sería de origen pitagórica “…la concepción del intelecto como la parte más noble e inmortal del hombre y la idea de salvación a través del conocimiento.”[3]
Hay una posterior evolución del término psyché en algunos presocráticos, quienes asociaron de diversas maneras el alma con el principio eterno del cual derivan todas las cosas y por ende, con la inteligencia (por ejemplo: el logos de Heráclito).
Según una tesis hermenéutica, fue con Sócrates que la cultura occidental adquirió el concepto de yuxh/ como el alma capaz de entender y de querer, e identificando la esencia del hombre y diferenciándolo del resto de los seres. Sócrates llegó entonces a definir que el hombre es su alma y que la tarea suprema del hombre consiste en el “cuidado del alma” y en la “inquietud de sí” (epimeleia heuathou).[4] Sin embargo según Grube, no debemos asociar instintivamente la palabra alma con ningún tipo de valores espirituales que resulten ajenos a la inteligencia y la razón. Tanto para Sócrates como para Platón, las actividades del alma tenían su culminación en el intelecto como la función más elevada de ella. Por ello “mente” podría ser una traducción más ajustada a la concepción que tenían de yuxh/.
Platón: acerca del alma

1.    Introducción

Platón aborda el problema de la estructura del alma, su naturaleza ontológica y la inmortalidad en diversos diálogos, y lo hace centralmente en el “Fedón”, en los libros IV y X de la “República” y en el “Fedro”. Mediante el método estilométrico diferentes estudiosos de renombre de la obra de Platón han ubicado estos diálogos entre los llamados diálogos medios y habrían sido escritos en el orden en que los hemos enumerado.[5] Podemos conjeturar que la sucesión de los escritos pueda mostrarnos un perfeccionamiento de Platón en cuanto a su concepción de alma.
El diálogo “Fedón” muestra a Sócrates en la cárcel durante sus últimas horas de vida tratando con sus amigos temas tales como el dualismo cuerpo-alma, la inmortalidad del alma y la hipótesis escatológica a que adhiere.
Los libros IV y X de la “República” tratan sobre la tripartición del alma y su analogía con la organización del estado ideal,  las cuatro virtudes cardinales del hombre y de la polis y el mito escatológico de “Er el Panfilio”.
El diálogo “Fedro”, siendo una obra donde confluyen los principales problemas filosóficos que preocuparon a Platón, incluye la caracterización del alma, su inmortalidad, y el “Mito del carro de dos caballos y el auriga”.
 En la opinión de Giovanni Reale, sería en la “Apología de Sócrates” el único diálogo platónico donde Sócrates no aparece como dramatis persona sino como personaje real, y por ello Platón no introduce rasgos específicos de su propia doctrina. Tal es el caso de la inmortalidad del alma, tema que  termina en una aporía[6] y no en la solución platónica.

2.    Concepción dualista del hombre

Platón muestra en el “Fedón” la influencia recibida de las doctrinas órfico-pitagóricas. Adhiere al concepto que el cuerpo es la tumba o la prisión del alma, al igual que a la doctrina de la metempsicosis (trasmigración de las almas). Tiene a su vez la concepción del intelecto como la parte más noble e inmortal del hombre y es influenciado por el pitagorismo en la idea de salvación del alma a través del conocimiento. La muerte física es la separación del alma y del cuerpo. De ninguna manera se llega a las cosas “en sí mismas”[7] a través del cuerpo, sino a través de la reflexión, empleando el mero pensamiento en sí mismo. Aspira a alcanzar la realidad quedándose en lo posible el alma consigo misma.
El cuerpo perturba al alma y no le permite entrar en posesión de la verdad y la sabiduría. Por el cuerpo y sus deseos hay una atracción hacia las riquezas, lo que genera guerras y revoluciones. Pero no se trata de eliminar completamente sus necesidades, sino de satisfacerlas con moderación.
De a acuerdo al argumento, es desembarazándonos del cuerpo que se pueden contemplar con el alma las cosas en sí mismas, lo que es sabiduría. El grado máximo se alcanzaría una vez muertos (cuando el alma sale de su prisión), cuando estuvieran entre almas de personas semejantes y conocieran ellas mismos lo que es puro, que tal vez sea lo que es verdadero.
También afirma en el “Fedro” la dualidad alma-cuerpo en la descripción que hace del “Mito de los caballos, el carro y el auriga”:

 …pero aquella [alma] que ha perdido las alas es arrastrada hasta alcanzar algo sólido en donde se instala, tomando un cuerpo terrenal que da la impresión de moverse a sí mismo, gracias a su virtud. Llámase ser viviente al conjunto de este ajuste entre alma y cuerpo, que recibe además la denominación de mortal.[8]
3.    Inmortalidad del alma

En el “Fedón” sus interlocutores le plantean a Sócrates que  existe la creencia popular que una vez que el alma se separe del cuerpo, ya no exista en ninguna parte, sino que se destruya y perezca en el mismo día en que el hombre muera. Sócrates utiliza diversos argumentos para sostener la teoría de la inmortalidad del alma, a saber:

1.      Argumento de la alternancia entre las cosas contrarias:
Sócrates se fundamenta en la creencia importada de los pitagóricos de la metempsicosis (trasmigración de las almas): llegadas de este mundo al Hades, las almas existen allí y de nuevo vuelven acá, naciendo de los muertos. Para verificar la verosimilitud de esta creencia, bastará con demostrar que los vivos no tienen otro origen que los muertos.

Las cosas contrarias nacen de sus contrarios (lo bello y lo feo, lo justo y lo injusto, etc.). Tienen su origen las unas en las otras y la generación va mutuamente de cada una de ellas  a su contraria. Concluye que de lo que está muerto proceden tanto las cosas que tienen vida como los seres vivientes, lo que pareciera demostrar la existencia de las almas en el Hades. Se puede inferir entonces que los vivos proceden de los muertos no menos que los muertos de los vivos, para lo que es necesario que las almas de los muertos existan en algún lado, de donde vuelven a la vida, con el nacimiento de unas cosas con el de otras cosas en una generación no circular sino en línea recta. Los vivos proceden de los muertos y las almas de éstos existen.

2.      Argumento basado en la Teoría de la anamnesis:
Sócrates sostiene, que el aprender no es sino recordar, se hace necesario haber aprendido en un tiempo anterior al recordado, lo que solo es justificable esgrimiendo que existiera el alma en alguna parte antes de llegar a estar en una figura humana. Así, mediante la teoría de la anamnesis sería demostrable la inmortalidad del alma.
  1. La anamnesis (reminiscencia) se produce al ser interrogados los hombres, “sí se les pregunta bien” (mayéutica)[9];
  2. La reminiscencia produce un conocimiento verdadero : “responden de por sí todo tal y como es”;
  3. Y por ello, la reminiscencia pone de manifiesto la existencia en nosotros de un saber, que se puede comprobar especialmente en el ámbito de la geometría.

Dado que la reminiscencia se produce tanto a través de objetos disímiles como de semejantes, necesariamente deben estar referidas no  a realidades sensibles sino a objetos trascendentes que permiten organizar la percepción y alcanzar el verdadero conocimiento. La Idea de Igualdad posibilita reconocer las cosas iguales en este mundo aunque su igualdad no sea perfecta.
Dado que las cosas  que son en realidad iguales se muestran a veces como desiguales y la igualdad como desigualdad, no son lo mismo que “lo igual en sí”. Pero, esas cosas iguales, a pesar de diferir de “lo igual en sí”, hicieron concebir y adquirir su conocimiento.
Explica las ideas innatas mediante sus dichos: “Luego es necesario que nosotros hayamos conocido previamente lo igual, con anterioridad al momento en que, al ver por primera vez las cosas iguales, pensamos que todas ellas tienden a ser como es lo igual, pero les falta algo para serlo.”[10] El conocimiento previo de “lo igual en si” nos permite ver como igualdades a aquellas que nos muestran las percepciones en las cosas: se esfuerzan, pero son inferiores a la “igualdad en sí”. Este conocimiento previo de “lo que es en sí”  fue adquirido antes de nacer, porque existen también las almas antes de estar en forma humana, separada de los cuerpos y dotadas de inteligencia. De la misma forma que el mundo de las Ideas existe (lo bello, lo bueno y otras cosas en grado supremo), también las almas existen previamente al nacimiento, y por ello conocen esas realidades.
Hasta aquí queda demostrado que las almas existen previamente al nacimiento, ahora resta analizar si existen después de la muerte o como el vulgo cree, se disuelven. Ya quedó demostrado que todo lo que tiene vida nace de lo que esta muerto. Visto que el alma existe previa al nacimiento, y es necesario que cuando llegue a la vida nazca de lo que está muerto, ello implica que cuando se muere, el alma continúe existiendo pues deberá nacer de nuevo.

3.      Argumento de la afinidad entre el alma y las realidades invisibles (INMORTALIDAD):
Sócrates explica en el “Fedón” que aquello que es compuesto y por naturaleza complejo es pasible de disolverse, mientras que a lo es simple no le corresponde. Compuesto es lo que se presenta cada vez de una manera distinta y simple lo que siempre se encuentra en el mismo estado.
La “realidad en sí” (lo igual en sí, lo bello en sí, etc.) se presenta siempre en el mismo estado, en cambio, las cosas múltiples (hombres, caballos, etc.) no se presentan nunca en idéntico estado, ni consigo mismas ni entre sí. A estas últimas cosas (variables) se las percibe con los sentidos, mientras que a aquellas que se encuentran siempre en el mismo estado, dado que son invisibles, es imposible aprehenderlas con otro órgano que no sea la reflexión de la inteligencia (Teoría de las Ideas). Hay una afinidad entre el cuerpo y aquellas cosas que son visibles y el alma y aquellas cosas que son invisibles (El mundo Ideal es incorpóreo, mientras que la realidad sensible es material y corpórea). El alma, cuando usa del cuerpo para considerar algo, es arrastrada al embrollo; mientras que cuando reflexiona a solas consigo misma se va a lo que es puro, existe siempre, es inmortal y es invariable. A esta experiencia de contacto con las cosas inteligibles se la llama pensamiento (phrónesis).
Se concluye que el alma se asemeja más a lo divino, inmortal, inteligible, uniforme, indisoluble y que siempre se presenta en identidad consigo mismo y de igual manera; mientras que el cuerpo se asemeja a lo humano, mortal, multiforme, ininteligible, disoluble y que nunca se presenta en identidad consigo mismo.

Si el alma se separa del cuerpo en estado de pureza, no arrastra nada del cuerpo, dado que voluntariamente no ha tenido comercio con él a lo largo de la vida y se ha ejercitado constantemente (filosofar) para reunirse consigo misma.
El alma, invisible, se va a otro lugar de su misma índole, noble, puro e invisible: al Hades, a reunirse con un dios bueno y sabio.

4.      Teoría de la transmigración de las almas:
Pero, si el alma se libera del cuerpo manchada e impura, por haber tenido con él continuo trato, cuidado y amor, y haber estado hechizada por las pasiones y por los placeres, entonces éste alma es entorpecida y arrastrada de nuevo al lugar visible, por miedo de lo invisible y del Hades. Estas almas participan de lo visible (se ven) y quedan errando como sombríos fantasmas hasta que por el deseo de su acompañante (el elemento corporal) son atadas a un nuevo cuerpo. Y, según la doctrina de la transmigración, son atadas a cuerpos que tienen las mismas costumbres que ellas habían tenido en vida (por ejemplo, si se entregaron a la glotonería y el desenfreno, es natural que ingresen en el linaje de los asnos; injusticias, tiranías y rapiñas, en el de los lobos y halcones, etc.).
Según Sócrates, las almas de los individuos reencarnarán de acuerdo a la vida que hayan llevado anteriormente, a saber:
  1. Los desenfrenados: reencarnan en animales que tienen sus mismos vicios y costumbres.
  2. Los hombres de bien: aquellos que han practicado la virtud popular y cívica llamada moderación y justicia, que nace de la costumbre y la práctica sin el concurso de la filosofía y la inteligencia, es natural que lleguen a un género de seres que sea tal como ellos son, sociable y civilizado, como pueden serlo el de las abejas, hormigas, e incluso que retornen al género humano y de ellos nazcan hombres de bien.
  3. Los filósofos: aquellos que filosofando se abstienen de los deseos corporales, no tienen temor a la ruina de su patrimonio o a la pobreza, no temen a la falta de consideración que entraña a la miseria, ni son amantes de poder y de honores, y parten en estado de completa pureza, arriban al linaje de los dioses. La filosofía, en el cuidado de su alma,  les procura liberación y purificación.
5.      La Teoría del alma como Armonía demostraría que el alma no es inmortal:
Simmias elabora un argumento haciendo una analogía del hombre cuerpo/alma con la armonía (ἁρμονία), la lira y las cuerdas: la armonía es algo indivisible, incorpóreo, completamente bello y divino que hay en la lira afinada, pero la lira en sí y las cuerdas son cuerpos, cosas materiales, compuestas, terrestres y emparentadas con lo mortal. Si se arrancaran las cuerdas, tanto la lira como estas seguirían existiendo mientras que la armonía no. Y según lo dicho por Sócrates, debiera extinguirse la lira y la armonía seguiría viviendo en alguna parte. Si el alma es una especie de armonía [como sostenían muchos pensadores], en las tensiones propias de las enfermedades, dicha armonía desaparecería y se extinguiría, perdurado más los cuerpos hasta su putrefacción. Por ello, el alma es la primera que perece en aquello que denominamos muerte.
Entonces, la hipótesis a comprobar o deshechar es que  a pesar de ser el alma algo más divino, perezca antes que el cuerpo por ser una especie de armonía (Simmias).
Argumento contra la tesis de la armonía: Los tres están de acuerdo con las ideas innatas: “…el aprender era un recuerdo, y que, al ser eso así, era necesario que nuestra alma existiera en otro lugar antes de ser encadenada al cuerpo.”[11] Así queda desbaratada la comparación alma/armonía, pues la armonía aparece después que la lira y el alma antes que el cuerpo. Entonces, dado que nuestra alma existía antes incluso de venir a parar al cuerpo, de la misma manera que existe su realidad, que tiene por nombre el de “lo que es”, no es admisible decir que el alma es una armonía. A la armonía no le corresponde el guiar a los elementos con los que haya sido compuesta, sino el seguirlos. La armonía no puede superar a las partes de la lira.
Mediante el absurdo, Sócrates intenta desbaratar la tesis del alma como armonía, pues esa idea no permite explicar la presencia de la virtud o el vicio en las almas, y menos las gradaciones de virtud, comparativamente con la armonía, que no puede contener la inarmonía. El absurdo en la tesis de la armonía se encuentra en que ningún alma participará en la maldad puesto que es armonía, pues la armonía por ser armonía nunca tendrá participación en la inarmonía. De acuerdo con este razonamiento, todas las almas de todos los seres vivos serán buenas por igual.
Otro fenómeno que no explica la tesis de la armonía es la aparente contradicción entre los impulsos del cuerpo y las decisiones del alma. [En realidad la lucha que Sócrates describe entre el alma y el cuerpo es entre el alma racional y las otras dos almas irracionales: el alma concupiscible con sus apetitos y la mediadora alma irascible o volitiva –thymós-.]
6.      El alma es más duradera que el cuerpo, pero, tras trasmigrar en varios, perece y se destruye con el último (Cebes):
Cebes agrega que acepta que el alma existía antes de venir al cuerpo, pero no le parece que siga existiendo en alguna parte una vez que el cuerpo perece. Hasta puede llegar a aceptar la reencarnación, pero considera que aún así, después de dar lugar a varios nacimientos y reencarnaciones, ésta se va desgastando hasta ser aniquilada definitivamente en una de sus encarnaciones. Por ello, no cree que sea sensato mostrarse confiado ante la muerte.
Equivale a demostrar que el alma es indestructible e inmortal.
Esto llevó a Sócrates a  intentar una búsqueda personal, pensando que se pudiera quedar ciego de alma si miraba las cosas con los ojos y pretendía alcanzarlas con cada uno de los sentidos. Encontró refugio en los conceptos y en contemplar en éstos la verdad de las cosas. [Sentidos versus conceptos o Ideas]. Basó entonces su doctrina en examinar las cosas en los conceptos y no admitir que sean examinadas en imágenes más bien que en su realidad. [Se refiere a las realidades inteligibles por sobre el conocimiento en el ámbito de los objetos sensibles].
Los sentidos son un impedimento para el conocimiento, y para avanzar en éste hay que suponer la existencia de realidades inmutables (“…aceptando como principio que hay algo bello en sí y de por sí, bueno, grande, y que igualmente existen las demás realidades de ésta índole.”[12]). Con ésta argumentación como base, explicará la causa de que el alma sea algo inmortal.
Las cosas bellas aparte de “lo bello en sí” tienen por causa de su belleza el hecho de participar de eso llamado “lo bello en sí”. Ya no es aceptable pensar que haya alguna causa de belleza como el color, la forma, el brillo, etc. Es la participación en la esencia la que revela la forma en que se ejerce la causalidad del mundo inteligible sobre el mundo sensible [PARTICIPACIÓN = CAUSA]. Un objeto participa de diferentes Ideas, cada una de las cuales le otorga una de sus características.
Teoría de las Ideas: existe una realidad separada del mundo sensible y que tiene características opuestas: sus objetos son eternos, inmutables, imperceptibles a los sentidos, inteligibles y únicos. La realidad sensible es perecedera, cambiante, corpórea y múltiple. Sus objetos no son en sentido estricto, sino que participan del ser de los objetos inteligibles. Entre los dos tipos de objetos hay una relación de homonimia.
Ni la Idea ni su reflejo en nosotros (“la pequeñez que hay en nosotros”) admite ser su propio opuesto. Se puede participar de dos ideas contrarias, pero no en la misma relación: A puede ser grande con relación a B y puede ser pequeño con relación a C; pero no puede ser a la vez pequeño y grande con relación a B. Para que A sea pequeño con relación a B es necesario que la grandeza en él con relación a B desaparezca. El cambio es un cambio en la participación o relación que el objeto tiene con el mundo de las Ideas.
Alguien le objeta lo dicho pues con anterioridad había afirmado Sócrates que “…las cosas contrarias nacen de sus contrarios…”[13]. Sócrates ahora explica que efectivamente hay una diferencia entre “…las cosas contrarias nacen de sus contrarios…” y que “…el contrario jamás puede ser contrario a sí mismo…”. [El surgimiento de un contrario es posible en este mundo porque en el existe el cambio, algo que es imposible en el mundo ideal.] Jamás un contrario será contrario a sí mismo.
Hay realidades que sin ser opuestas a otras, las excluyen por participar de su opuesto: no se puede dejar de participar de una característica sin dejar de ser lo que es (por ejemplo no puede ser “3”  y “par”). No son solo los contrarios los que no se admiten entre sí sino también las cosas que no siendo mutuamente contrarias tienen en sí uno de esos contarios. Son aquellas cosas que cuando ocupan cualquier cosa la obligan no sólo a adquirir su propia idea, sino también la de algo que siempre es contrario a algo (el número 3, a pesar de no ser contrario a lo par, no por ello lo admite en sí, pues lleva siempre consigo lo que es contrario a lo par).
Desarrollo de la inmortalidad del alma basándose en el tema de los contrarios (105b-107b):
Para que un cuerpo tenga vida debe producirse un alma: el alma trae vida a aquello que ocupa. Lo contrario a vida es muerte, luego, el alma nunca admitirá lo contrario a lo que trae consigo. A lo que no admite muerte lo llamamos inmortal. Se concluye que el alma es inmortal. Si lo inmortal es indestructible, le es imposible al alma perecer cuando la muerte marche contra ella, entonces, el alma, además de inmortal es indestructible. [La inmortalidad implica la indestructibilidad]. Lo inmortal es incorruptible por ser indestructible. Cuando le llega al hombre la muerte, su parte mortal perece y su parte inmortal se retira al Hades sin corromperse.
Como no han quedado del todo convencidos, no termina el diálogo en una aporía sino que Sócrates los exhorta a continuar la investigación a través de la dialéctica.
7.      La demostración de la inmortalidad con el argumento de la enfermedad connatural:
Sócrates afirma en el Libro X de la “República” que nuestra alma es inmortal y jamás perece. Utilizará como argumentación el que cada cosa tiene un mal o enfermedad connatural: el hierro y el bronce tiene la herrumbre, el cuerpo tiene la enfermedad, etc. Cada cosa es destruida por su mal connatural y por su corrupción. Si el mal no la destruye, ni el bien ni tampoco lo que no es ni bien ni mal podrán destruirla.
Hay un bien y un mal: el mal es todo lo que destruye y corrompe y el bien lo que conserva y aprovecha.
El alma puede ser afectada por un mal que la pervierte, pero que no puede disolverla ni aniquilarla. El mal que la pervierte son los vicios:
  • Injusticia;
  • Intemperancia;
  • Cobardía;
  • Ignorancia.
Aclara Sócrates que “…si la corrupción del cuerpo no engendra en el alma la corrupción propia de ella, jamás estimaremos que el alma sea destruida por un mal que le es ajeno, sin la intervención del mal que le es propio, o sea que una cosa perezca por el mal de la otra.”[14]
Si el alma muriera por el mal que le es propio, el más injusto moriría antes y el más justo después, cosas que no ocurre. Por el contrario, la injusticia no es causa de la muerte de quien la acoge.
Por lo tanto, si una cosa no puede perecer por un solo mal, ni propio ni ajeno, debe existir siempre y, si es así, es necesariamente inmortal.
8.      Argumento de la inmortalidad del alma por estar siempre en movimiento:
En el “Fedro”, Sócrates afirma que “toda alma es inmortal, pues lo que siempre se mueve es inmortal”[15] y siendo inmortal lo que se mueve a sí mismo, esa es precisamente la esencia y noción de alma. En la misma línea de argumentación, infiere que lo que es movido por otro (el cuerpo movido por el alma), tiene cesación de vida. Concluye que el alma es fuente y principio del movimiento, ingénito, imperecedero e inmortal. Esto puede verse en que todo cuerpo al que le viene de afuera el movimiento es “inanimado”, mientras que aquél que lo recibe de dentro de sí mismo es “animado”, radicando en esto mismo la naturaleza del alma.
4.    Las partes del alma

CONTINUA…


[1] JAEGER, Werner Wilhelm. La teología de los primeros filósofos griegos. México, D.F.: Fondo de Cultura Económica, 2003. pp. 265.

[2] Véase REALE, Giovanni. PLATÓN: En búsqueda de la sabiduría secreta. Barcelona: Empresa Editorial Herder, S.A., 2001. p. 278.

[3] Véase GRUBE, G. M. A. El pensamiento de Platón. Madrid: Editorial Gredos S.A., 1973. p. 191.

[4] Véase REALE, Giovanni. Op. Cit. p. 280.
[5] Cfr. ROSS, David. Teoría de las Ideas de Platón. Madrid: Ed. Cátedra. 2001.
[6] Cfr. PLATÓN. Apología de Sócrates. 39e1-42a5.
[7] Nos referimos aquí a las Ideas o Formas de Platón, las cuales según Ross de ninguna manera significan conceptos, sino algo perfectamente objetivo que existe por derecho propio y no porque pensemos en el.
[8] PLATÓN. Fedro.  Buenos Aires: Editorial Altamira, 2003. 246c2-8.

[9] Cfr. con  la comprobación práctica de la Teoría de la Reminiscencia en el diálogo platónico “Menón”, donde Sócrates le  demuestra a Menón el conocimiento de un esclavo de Menón en el cálculo de la superficie de un cuadrado que sea el doble de uno dado. PLATÓN, Menón.82e15-85b11.
[10] PLATÓN. Fedón. 74e11-75a3.
[11] PLATÓN. Op. Cit. 91e6-92a1.
[12] PLATÓN. Op. Cit. 100b7/10.
[13] PLATÓN. Op. Cit. 71a11.

[14] PLATÓN. República. 610a7-12.
[15] PLATÓN. Fedro. 245c8-9.

[16] PLATÓN. Op. cit. 246a9-249d5.
[17] Cfr. PLATÓN. Gorgias. 491e10-493d1
[18] Según la interpretación de Reale, la finalidad de Platón expuesta en la “República” no es la de prohibir la poesía y los mitos, sino regular su contenido de acuerdo a una serie de reglas, para que fueran útiles para la educación en el estado ideal. Diferencia entre mimesis como imitación de lo falso y como imitación de lo verdadero o recto.

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