¿Cuál es la finalidad de las llamadas «candidaturas testimoniales» de los candidatos a legisladores para las elecciones del 28 de Junio de 2009? Vamos a ir reflexionando.

El «candidato testimonial» es un funcionario que está en ejercicio y que se está postulando para un cargo distinto al que tiene, el cual, en caso de ganar, no asumirá. Podemos pensar que se llame «testimonial» porque da fe que es candidato, o quizás porque lo único que hace como candidato es dar fe pues luego renunciará para darle el lugar al próximo candidato suscripto en su lista. Como nota pie de página, me pregunto si los votantes nos tomamos el trabajo de averiguar quién es y qué hizo en su vida el próximo en la lista, el que supuestamente asumirá.

En la antigüedad, los griegos eran muy afectos al teatro. Los actores de teatro, utilizaban en sus representaciones una máscara que denominaban prósopon (πρόσωπον) que les servía para ocultar la realidad de ellos y mostrar al público una realidad distinta. El público era consciente que estaba presenciando una ficción, pero la misma asistencia al teatro lleva implícito el pacto de considerar la ficción como verdadera durante el tiempo que dure la obra. Quiere decir que no hay un vínculo de necesidad entre arte y verdad. Por lo pronto ya podemos hacer una analogía con el caso del teatro griego: hay un arte en la forma de hacer política. Pero, inmediatamente nos surje la pregunta sobre qué pasa con la verdad. ¿Hay algún vínculo entre verdad y política?

Por otra parte, hay ciertas máscaras que ya no convencen al auditorio. Han quedado desactualizadas. Digamos que pertenecen a obras (tragedias) clásicas o simplemente viejas. Son las máscaras de Perón, Evita, Alfonsín, y algunas otras más cercanas. Igualmente, todo acto político que se precie, las debe tener en exhibición. ¿Por qué? Quizás sea la dosis de «tradición» necesaria que requiere el público. Aunque en todos los casos esa «tradición» solo contemple tragedias.
Pensemos un poco sobre qué es lo que esconde la máscara del «candidato testimonial». ¿Es su estética, su sonrisa, su mueca? Pareciera que no. Pues entonces, ¿qué votamos cuando elegimos una máscara determinada? Por lo pronto, ya debiéramos darnos cuenta que el pacto que ocurre aquí no es solo entre los actores, sino que, al igual que en el caso del teatro, nosotros los votantes estamos implícitamente aceptando el «juego de las máscaras». No hay un «ellos», los políticos que hacen lo que quieren, y un «nosotros» los votantes que somos víctimas de «ellos». Claramente hay solo un «nosotros». Todos somos responsables. Es un pacto entre todos. Como diría Kant, ¿implica esta situación que los votantes no hemos aún alcanzado nuestra mayoría de edad intelectual? Yo creo que sí la hemos alcanzado. Creo que los partidos políticos fueron en los últimos lustros vaciados de ideología y fueron fragmentados hasta sus más mínimas partículas. En el variopinto panorama que se nos presenta, sólo estamos en condiciones de captar máscaras, símbolos de resurrección de ciertas ideologías. Vamos a dejar de lado algo que es connatural al poder: conservarlo e incrementarlo cuando se lo tiene e intentar conquistarlo cuando no se lo tiene. Sepamos que por debajo del ropaje de toda acción política está presente esta lógica. Es esta misma carrera por el poder la que le inscribe, por un lado, la necesidad de una constante creatividad, y, por el otro, su natural inestabilidad.
En forma reduccionista, podemos considerar a la ideología como una doctrina, un conjunto de ideas, creencias, conceptos y demás, representativos de las bases del partido político. Bien. Desde la dilusión de los partidos llevada a cabo en los `90, la posterior «transversalidad», los sorprendentes pactos pre-electorales, hasta la llamada «borocotización» de la política, se ha complejizado el arte de la política y nos ha llevado a los votantes a perdernos en la dinámica de los movimientos políticos y el lugar en donde ha quedado colocada la ideología.

Por el momento vamos a dejar como respuesta provisoria -aunque probablemente ilusoria- que quizás con este «juego de las máscaras» de los «candidatos testimoniales» no estemos perdiendo los valores republicanos, sino que estemos recibiendo, a la manera de los equipos electrónicos de dificil uso, una sistema de elección “friendly user”, un sistema de “cómo votar en pocos pasos”. Ya no sabemos cuáles son las ideologías de los partidos, ya no sabemos cuáles son los partidos, pero sí intuímos a través de las acciones e inacciones personalizadas -y no a través de sus falaces discursos- la ideología del «candidato máscara» -aunque no sepamos quién se esconde por detrás-, como también comprendemos lo que significa para un gobierno tener o no mayoría legislativa. Quizas este sea el motivo de nuestro pacto implícito con los candidatos. Perdón!…con los actores.

No se si este pensamiento refleja la verdad, pero es verosímil. Por el momento, vamos a dejar el tema en este punto y a seguir reflexionando hasta el 28 de junio.

Alejandro F. Fabri

14/06/09

“La auténtica naturaleza de las cosas suele estar oculta”

Fr. 123: Heráclito

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