La opresión del trabajador en las lecturas de Marx y Simone Weil

Vamos a considerar como hipótesis de trabajo que los mecanismos de opresión que sufre el trabajador descriptos por Simone Weil exceden a aquellos encontrados y descriptos por Marx en los Manuscritos. El uso del término “exceden” implicaría por un lado la demostración que en el análisis de Weil se encuentran elementos o aristas de opresión del trabajador que amplían la lectura de la mera «alienación del trabajador» descripta por Marx para el caso del trabajador de la industria moderna en masa bajo el sistema capitalista y, por el otro lado, que la alienación marxiana no es privativa del sistema capitalista. 

Es sabido que el concepto «trabajador» sufre una evolución desde el Marx de los Manuscritos hasta la obra de S. Weil.
Marx trata en sus Manuscritos económico-filosóficos,  compuestos en Paris en 1844 y publicados por primera vez en 1931, al trabajador industrial moderno bajo el sistema capitalista de mediados del s. XIX, instaurado con el maquinismo, la división de trabajo y la producción en masa. Este trabajador, que conforma la clase más numerosa de la población, es el proletario. Trabaja para abastecerse de una existencia animal, su propio trabajo es comparable al de un animal, le está prohibida la sindicalización, no es propietario y no tiene ni derechos ni beneficio social alguno. Este trabajador es afectado tanto por un estado de progreso económico de la sociedad como por un estado de empobrecimiento. Dentro de esta categoría entran hombres, mujeres y niños desde 8 años de edad. Las jornadas de trabajo pueden durar hasta 16 horas. La variable de acuerdo a la cantidad de trabajo es la duración de la jornada laboral.
Marx analiza el mundo dicotomizado por los economistas políticos de su época en capitalistas y trabajadores. Por un lado, hay que tener presente que el capitalista marxiano es el capitán y propietario de la industria. O sea, dirige la industria. Por el otro, quizás sesgado por estar interesado en la gran masa de hombres que es el sujeto histórico, Marx no  analiza o no expone distintas funciones que pueden haber existido dentro de una empresa y que fueran distintas a la de los meros trabajadores industriales. Es un organigrama absolutamente plano: por un lado está el capitalista y dirigente, por el otro, los trabajadores. No hay referencia alguna a posiciones o funciones intermedias. La oposición burguesía-proletariado se replica dentro de la empresa, oponiendo el capitalista a todos los trabajadores asalariados.
Marx centra los Manuscritos en la explicación de la lógica del envilecimiento del trabajador industrial bajo el sistema capitalista moderno. Este análisis está centrado en el concepto de «trabajo alienado» aplicado al trabajador involucrado en forma directa al proceso productivo y al producto producido. Expone sus vínculos alienados con el objeto producido, con ellos mismos, entre ellos, con su género y, con el propietario del producto y del trabajo.
Dentro de la clase que Marx llama trabajadora podemos encontrar:
  • Aquellos que “atienden las máquinas”.
  • Aquellos que realizan operaciones repetitivas, compitiendo con las máquinas.
En esta óptica, el criterio utilizado por Marx para categorizar a los trabajadores es la máquina: “los hombres que trabajan mediante máquinas o como máquinas”.
Desde otra óptica, categoriza a los trabajadores en los que realizan:
  • “ocupaciones que presuponen talentos específicos o una formación más larga”, que son los llamados «trabajadores de primera categoría», los que son una minoría.
  • “la actividad mecánicamente uniforme, para la cual cualquiera puede ser adiestrado rápida y fácilmente”, que son la mayoría, y los denomina «trabajadores de segunda categoría».
 
El trabajador que expone S. Weil  en su Crítica al Marxismo y Análisis de la opresión incluidas en Reflexiones sobre las causas de la libertad y la opresión social de 1934, Perspectivas. ¿Vamos hacia la revolución proletaria? de 1934, Experiencia de la vida en fábrica de 1942 y La racionalización de 1937, es el trabajador de la industria del segundo cuarto del s. XX. Por un lado, desde fines del s. XIX se han cientifizado el estudio de la fuerza laboral y la organización fabril, y por el otro, el trabajador ha adquirido ciertos derechos y beneficios sociales. Si bien ella estudia tanto el sistema industrial bajo el capitalismo y bajo el comunismo, la ecuación ha variado: el capitalista ahora es ajeno a la gestión, la gestión está manejada por técnicos y el trabajo se ha abierto en más categorías, producto de la división y organización más científica del trabajo.
S. Weil analiza un tipo de estructura en el cual la racionalización de la organización de la producción se ha profundizado mucho. Se trataría de un organigrama más piramidal que aquel de los Manuscritos de Marx.
La caracterización que hace S. Weil en la base es propia de una división de los trabajadores en trabajo manual y trabajo intelectual. Los trabajadores, en un principio eran obreros cualificados, que “ejecutaban su trabajo utilizando las máquinas con tanta libertad, iniciativa e inteligencia como el artesano que maneja su herramienta”, y es la que tiende a ser suprimida por la racionalización, que termina dividiendo en:
  • Por un lado, aquellos “capaces de hacer funcionar un tipo de máquina con tan solo un par de gestos siempre idénticos y en los que la inteligencia no tiene parte alguna” (que posteriormente, con el fordismo, serán los peones especializados en trabajos en serie)y,
  • Por el otro, el ajustador que dispone cierta cantidad de máquinas de acuerdo al trabajo a realizar, y distribuye y ordena el trabajo de los peones.
Como ya hemos visto, una división que se podría asimilar a esta ya fue visualizada en los Manuscritos, no imputándoselo Marx al intelecto sino al talento desarrollado por la función. Si bien Marx contemplaba una diferencia en el salario, no se refería explícitamente a tipo alguno de diferencia jerárquica. S. Weil advierte que Marx no vio esta división. No es tan claro, ni tampoco le fue adjudicado al intelecto, pero sí vio trabajos en los cuales las fuerzas espirituales tenían mayor libertad.
Por otra parte, refiriéndose a la división en el propio trabajo intelectual, S. Weil categoriza bajo el sistema capitalista a:
  • Aquellos que poseen la empresa, que ya no coinciden con los que la dirigen. Son ahora únicamente capitalistas.
  • Aquellos que dirigen la empresa, a los que llama «técnicos de la dirección». Dentro de esta categoría o como esta categoría, pareciera que S. Weil considera en forma algo equívoca a la «función administrativa» o «burocrática». Para ella, «tecnocracia» y «burocracia» serían sinónimos.
Merced a la racionalización, la variable de estos trabajadores weilianos de acuerdo con la cantidad de trabajo es la intensidad horaria y no, tal como ocurría en el trabajador marxiano, la cantidad de horas trabajadas.
 
S. Weil señala centralmente lo que ella llama «opresión por función» y le adjudica a Marx no haberse percatado que la misma existía bajo el sistema capitalista y se mantenía indemne en el sistema comunista. El fundamento de este tipo de opresión es el poder: aquél que detenta el poder –la función «burocrática»- lo quiere seguir manteniendo, impidiendo a la clase trabajadora el acceso a éste. Pareciera que la lucha de clases entre burguesía y proletariado, que habría sido superada, mutaría a una lucha por funciones, en la cual pasa a dominar la burocracia por sobre el trabajador. Esto encierra una fundamentación antropológica que para Marx era la lucha de clases y la verdadera necesidad de dinero –que es poder- y Weil la traduce a solamente la lucha por poder. Ya sea mantenerlo, ampliarlo o conquistarlo.
 
Es de relevancia señalar que S. Weil no se refiere solo a trabajadores envilecidos cuando producen bienes concretos. También habla de los científicos como «peones del trabajo científico». En este caso, el bien producido son ideas, y lo que daría el carácter de opresión pareciera ser la función. O sea que la opresión por función amplía el espectro del envilecimiento del trabajo “a todas las áreas de la actividad humana”.
 
Para S. Weil, Taylor, con el supuesto objetivo de crear una organización racional del trabajo que respondiera a los intereses del obrero, del patrón y del consumidor, desarrolló su «organización científica del trabajo», luego mejorada por la producción en cadena de Ford. S. Weil afirma que no se ha encontrado un sistema que fuera aceptable para las tres partes. Es de suponer que tales condicionamientos terminen siempre afectando al trabajador y favoreciendo al consumidor y al patrón. Pero, su visión no es pesimista. Entiende que el peso de la relación deberá desplazarse hacia el trabajador para que humanice su situación. Es una visión teñida de realidad: ya no cree en la quimera marxiana del progreso indefinido de las ciencias sino que pretende soluciones parciales y efectivas. En esta posición, tampoco cree en una liberación o emancipación del trabajador ni en un retorno al trabajo artesanal, sino en mejorar las condiciones de inserción del trabajador en el sistema moderno de fabricación.
 
Marx cree que el comunismo vulgar ha superado al capitalismo con la supresión de la propiedad privada. Pero, con la supresión de la propiedad privada no se elimina el trabajo alienado, sino que aún deberá superarse el comunismo para pasar del reino de la necesidad al reino de la libertad. Tengamos presente que Marx pretende suprimir el trabajo alienado porque es la causa de la propiedad privada. Weil coincide con Marx en que la supresión de la propiedad privada no es la supresión del trabajo alienado, pero por motivos algo diversos, y sobre todo por la «opresión por función».
 
Marx se mueve en un mundo más teórico, en donde se refiere al trabajo alienado como una sintomatología para la cual no propone la cura. No explica cual puede ser en la praxis un trabajo no alienado. Solo sabemos que se trata de un trabajo que forme parte de la esencia del hombre y no sea un mero medio que termina convirtiéndose en fin. Mientras para Weil, la lucha continúa con actores diferentes. El opresor ahora es la función. Las condiciones de trabajo vigentes no pretende suprimirlas sino mejorarlas. Pretende un trabajador que integre sus  capacidades y recupere el uso de sus fuerzas espirituales.
 
Podemos pensar que en definitiva Weil, quizás por su experiencia en fábrica y por el conocimiento del totalitarismo de Stalin y su análisis de la naturaleza del hombre en su lucha por el poder, supera y es más realista que la conclusión a que llega Marx.
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